Holanda puso la intención; Inglaterra, la presencia de sus jugadores y el acierto final | Euro Sub-17

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La final de Malta 2014 mostró a dos de los equipos de mayor potencial de la categoría. Fue un encuentro entre dos estilos. Dos plantillas con bastante talento pero gestionadas con la intención de plasmar dos planes completamente distintos. Por eso Holanda, un equipo más liviano que el inglés, tuvo problemas para plasmar su iniciativa por la falta de espacios y el roce que proponía su contrincante, que también cuenta con interesantes individualidades.

Ya se comentó en jornadas previas, nadie iba a ser más ofensivo que Holanda, y con esa idea alcanzó la final ante Inglaterra. El estilo de los de Maarten Stekelenburg ha tenido momentos de más o menos brillantez, pero con el avance del campeonato su intención de juego posicional, de salir jugando siempre desde atrás, se fue clarificando, alcanzando sus mejores momentos ante Inglaterra, la nueva campeona, y frente a Escocia.

Madurez naranja

Holanda se despidió de Malta sin perder ningún encuentro y solo cediendo en la tanda de penaltis de la final. Tuvo carácter y valentía, y cierta dosis de madurez para llevar a cabo un plan que para juveniles de primer año no es tan sencillo, como algunos puedan pensar. La calidad, el físico; esa presencia de los ingleses, una idea más pragmática, limitando riesgos, ha sido el contrapunto a esa proposición más osada.

A John Peacock le pudo salir bien la jugada, pero seguramente lo que ha planteado estos días no sea lo más acorde para un mejor despliegue de un jugador como Patrick Roberts. Esta Inglaterra tiene calidad, no hay duda. Además Onomah, Brown, Solanke no solo tienen esa presencia que puede intimidar a sus marcadores, también manejan la pelota de forma notable y poseen llegada.

Detalles de Cook

Lewis Cook, el primer motor de arranque del equipo, también se ha mostrado como un jugador a seguir. El medio del Leeds era la primera opción cuando se iniciaba el juego de forma elaborada, algo que no se mantenía ni mucho menos con regularidad. Los balones largos hacia los costados fueron una salida habitual del equipo inglés. Hasta ahí caían los tres espigados atacantes para ganar la jugada dividida e intentar coger descolocado a un equipo que casi siempre ha estado muy junto.

Inglaterra se adelantó en un córner, donde Solanke tiró de cualidades y se hizo fuerte cerca del área pequeña, recogiendo finalmente el balón y superando al portero holandés, tras un control que elevó la pelota y definición de empeine interior. Holanda, por el contrario, igualó el encuentro al filo del descanso con una acción que demostró claramente su intención asociativa. Pase de Nouri hacia adentro y Bergwijn, de espaldas en la frontal, tira de calidad con un gesto, probablemente, de lo mejor de la final. Con el interior del pie de derecho, mirando hacia el medio campo, apreció el desmarque de Schuurman hacia el lado contrario, la portería, y con la fuerza con la que le iba a llegar el pase, utilizó esa superficie de la bota para dar una rosca que a modo de recurso de billar mandó el balón frente a la carrera de su compañero, que acabó definiendo. Un gran tanto.

En la segunda mitad aparecieron los nervios y la tensión propia de la final. El partido se encaminó hacia los penaltis y fue desapareciendo la precisión o cualquier atisbo de brillantez. Con la victoria de Inglaterra en los penaltis se despidió una nueva edición del torneo continental que deja un buen sabor. Una gran variedad de jugadores y mucho talento. Incluso una selección presuntamente débil como Malta mostró a sus Friggieri, Grech y Guillaumier. Futbolistas con margen de mejora y con un buen trato de balón en la mayoría de los equipos. Si acaso se vieron más dudas en lo colectivo, representadas en selecciones como Turquía, Alemania o Suiza, que no acabaron de dejar clara o plasmar una idea.

Verdonk: Holanda tuvo bastantes nombres, pero el central zurdo representa la pretensión de su equipo, donde la técnica se impuso a la contundencia como sentimiento del juego.

Heinrichs: jugador de gran potencial y clase que ante las dudas del equipo no pareció nunca encontrar su posición en el campo. Acabó de interior, aunque algo abierto, cuando se esperaba que fuera la batuta.

Joao Carvalho: no tuvo mucha presencia al inicio con Portugal, pero en cuanto tuvo confianza demostró esa técnica en su pierna derecha que recuerda a algunos jugadores de antaño.

Ertugrul Ersoy: un central con una planta extraordinaria y notable técnica. Todas las condiciones para hacer carrera, a la espera de que la mentalidad también le acompañe.

Wright: el extremo. Encarando por cualquier zona del campo. El medio del Aberdeen fue el más destacado de un equipo que siempre tuvo una actitud positiva.

Huser: uno de los jugadores más jóvenes de su selección que contó con menos protagonismo del que merecía. Pausa, serenidad y manejo de balón. Futuro medio organizador a seguir.

Friggieri: la sensación maltesa. Jugador de calle, listo y hábil con espacios reducidos. Cogió la responsabilidad ofensiva del equipo y demostró también olfato.

Roberts: el desequilibrio. El jugador del que todo el mundo esperaba una acción imprevista que definiera el partido, con su zurda. Liviano pero muy hábil. Propiedad del Fulham.

 

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Publicado el mayo 22, 2014 en Inicio, Selecciones, Sub-17 y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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