La madurez y la revancha | Euro Sub-17

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La generación del 98, en categoría Sub-17, perdió definitivamente la oportunidad de jugar un Mundial. Un argumento tan recurrido como la falta de concreción en la portería contraria se volvió a presentar. Y eso es algo que se puede explicar de muchas formas, aunque lo más importante es que los protagonistas, los juveniles, deriven de su inquietud y de esa incipiente madurez que han mostrado una respuesta a este resultado en los próximos compromisos. Se han enfrentado a rivales de mucho nivel y nunca han puesto en duda su propuesta de juego. No estarán en Chile, pero han avanzado en esa carrera para ganarle al tiempo. | Foto: UEFA.com

A lo largo de la 2014/2105, la Sub-17 ha disputado un total de 11 partidos oficiales, de los que ha ganado cinco y ha empatado seis. Ha jugado contra cinco de las seis selecciones europeas que disputarán el Mundial –ante Francia, Croacia e Inglaterra en encuentros oficiales; ante Alemania en oficial y amistosos; y ante Bélgica en dos amistosos– y solo perdió en una de las dos citas ante el equipo belga (5-4), en la otra goleó claramente a domicilio (1-6). Es importante resaltar estos datos para escudriñar claramente el recorrido de esta generación a lo largo de la temporada. Lo más sencillo, después de la decepción de la derrota, es que los analistas nos decantáramos por el dato preocupante de que España no disputa un Mundial Sub-17 desde 2009, y a su vez relacionar esto con un porvenir marcado por la carestía de talento.

El error de las conclusiones tajantes

Esta última conclusión sería tan coherente como decir que una selección que cae en la fase de grupos de la Euro Sub-18 de 1998 en Chipre, no puede ganar al año siguiente el Mundial Sub-20 de Nigeria, algo que sucedió. Una tanda de penaltis puede marcar un torneo, una cita importante, y suponer una gran decepción, pero ni mucho menos tiene que marcar la carrera de un jugador o de una generación. Hay que centrarse en aspectos concretos del juego, individuales o grupales, para analizar la trayectoria. Y la trayectoria de esta Sub-17 viene marcada por la apuesta de un estilo que ya se pudo apreciar en Sub-16.

La decisión de colocar en ofensiva a dos jugadores abiertos, de acciones directas, que solo se vio alterada con la inclusión en partidos importantes de Rubén Fernández, un jugador que por su desempeño, menos explosivo y de más manejo del balón, aporta otras cosas al juego. Esa disposición elegida por los técnicos, con presencias sobre todo de Dani Villanueva, Carles Pérez y Dani Olmo a lo largo de la temporada, fue, más allá de una elección claramente ofensiva, una ecuación de difícil solución para los jugadores, que casi siempre se encontraron con rivales cerrando espacios en su propio campo.

¿Extremos o delanteros?

En estático, como se vio ante equipos como Israel, Austria, Bulgaria e incluso Alemania, no era sencillo penetrar, por eso se agradeció que en encuentros como los de Francia o Croacia, la valentía de éstos mostrara unos partidos más abiertos. Ante la proposición de los primeros rivales, la presión adelantada para recuperar el balón debía ser clave para encontrar algún resquicio con el que coger ventaja. En esas situaciones, tanto Olmo como Carles Pérez son jugadores muy verticales, en muchas más ocasiones con más instinto de delanteros que de extremos. Su demanda de protagonismo y buen recorrido en conducción han ido retrasando su posición, pero ambos provocan más daño si son incisivos lo más arriba posible.

Pero todas esas recuperaciones cerca de la frontal contraria, que fueron bastantes, no se concretaron lamentablemente en anotaciones. La mejor noticia, a pesar de la falta de efectividad, es que los juveniles no desesperaron y siempre lo siguieron intentando, a pesar del desgaste físico y mental por la escasa recompensa. Porque una de las mejores cosas que deja este ciclo de la Sub-17 es la casi palpable madurez y perseverancia de sus jugadores. Estas virtudes suelen resultar en un constante espíritu de revancha, clave para ser un jugador de élite.

Es posible, vistos los esfuerzos, que el fútbol no haya sido demasiado justo con Denia y los suyos, pero cada plan ha de tener un fin. Si el plan se desarrolla de forma óptima y no obtiene los resultados esperados, puede que haya que revisar o matizar las vías para alcanzarlos. Una conclusión que tampoco debe ser tajante, si tenemos en cuenta que estamos en categorías de formación y que posiblemente lo que ahora se hace bien pero no obtiene resultados, por diferentes condicionantes (diferencias físicas entre unos equipos y otros, interpretación táctica, etc.), en un futuro sí se registrarán.

Cabe recordar que la de Bulgaria ha sido la primera cita de Santi Denia como seleccionador titular en una fase final. Una experiencia que le valdrá para sacar conclusiones de cara a próximos retos. Ha formado un buen grupo de compañeros y eso siempre se ha transmitido antes, durante y después de los partidos. Muchos de estos jugadores, no lo olvidemos, tendrán próximos retos en categorías Sub-18 y Sub-19 en la 2015/2016. Y tampoco sería del todo descartable que si la Sub-19 pasa finalmente al Europeo de Grecia, algún juvenil del 98 tenga cabida, aunque en el grupo de De la Fuente haya mucha competencia.

 

 

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Publicado el mayo 26, 2015 en Inicio, Selecciones, Sub-17 y etiquetado en , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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