La proyección tardía | Athletic Club de Bilbao

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Iñaki Williams es el último canterano asentado que debutó relativamente joven (veinte años) en Liga con el Athletic. Un dato que no interfiere en la auténtica realidad que está viviendo el club en las dos últimas temporadas, porque aparte del buen juego mostrado de manera regular sí han asomado y hasta prácticamente se han consolidado otros jóvenes llegados desde el filial, con una edad que se encamina ya hacia la madurez formativa del futbolista. ¿Es producto de la casualidad o forma parte de una estrategia marcada desde la dirección deportiva? Eraso, Sabin Merino, Lekue, Yerai y Vesga son la evidencia de esta irrupción menos traumática.

Los dos entrenadores anteriores a la llegada de Ernesto Valverde, Joaquín Caparrós y Marcelo Bielsa, siempre han sido reconocidos por el impulso a jóvenes valores y sobre todo por la maduración de los mismos. Posiblemente, en el caso del sevillano de una manera algo más “estruendosa” –sólo hay que recordar que a su llegada a Bilbao se llevó a Iker Muniain a realizar la pretemporada con tan solo 14 años –. Caparrós llegó a un club que necesitaba revalorizar su capital humano y él es un claro especialista en promocionar todo lo prominente que está por llegar, aunque a veces no aparente cumplir los plazos en la formación.

“Demostrar que valen”

Bielsa fue quien en su día comentó que “no pone a un joven para demostrar que no vale, sino que hay que ponerlo para demostrar que sí vale”. El rosarino, si observa que hay talento, apuesta por él y suele pulirlo hasta el final. Algunos son los clubes que han sacado réditos de ese trabajo de perfeccionamiento que pregona y aplica. Esa fidelidad al trabajo de club bien entendido, que sabe que se tiene que nutrir desde abajo para adquirir identidad, no ha sido siempre lo suficientemente valorada.

A Ernesto Valverde se le ha conocido más por realizar un trabajo notable en casi todos los lugares en los que ha estado –no se olvida la excepción que fue su efímero y extraño paso por Villarreal–, que por arriesgar con los jóvenes. La diferencia que marca ahora ese proceder en su trayectoria está en el club que le vio crecer también a él como jugador y que ahora dirige exitosamente, porque todo el mundo sabe que el Athletic es un equipo de cantera.

Cinco años de continuidad en la planificación

José María Amorrortu es el Director Deportivo del club. Amorrortu lleva los últimos cinco años comandando una parcela clave en un equipo que se nutre en un gran porcentaje de la captación a edades tempranas. Estamos ante un estudioso del trabajo de cantera. Una manera de proceder integral que aúna no solo el trabajo de campo con unos jugadores que cuentan con unas condiciones especiales, sino también el cuidado del entorno de los jóvenes, desde su educación, alimentación y relación con el exterior.

Desde su llegada, el club ha apostado por las cesiones de sus promesas más mediáticas, como es el caso del portero internacional Sub-21, Kepa Arrizabalaga. Se trata de buscar un puente entre el segundo equipo y el primer equipo. Poder sumar minutos en una competición más y en un entorno diferente al habitual y poder llegar más curtidos al primer equipo. Nadie como Javier Eraso para ejemplificar eso.

Cesiones y la otra vía

El medio avanzado navarro pasó por la Segunda B y Segunda División con el Leganés, y a sus 25 años fue repescado por su club de formación. La idea era tener un jugador de otro nivel competitivo, alejado de ese jugador que salió con buenas condiciones pero que ante situaciones adversas seguramente no respondía como responde hoy, además de haber ampliado su radio de acción en el campo.

Eraso tiene hoy 26 años, pero en la 2015/2016 también adquirieron ficha con el primer equipo Iñigo Lekue y Sabin Merino, dos jugadores que marcan otro modo de proceder del club y que en ese momento contaban con 22 y 23. Porque después de ascender a Segunda con el Bilbao Athletic dieron el paso definitivo en su carrera. El club entendió que contaban con las cualidades y la madurez necesaria para dar el salto. Está claro, no eran unos niños, como aquellos Muniain o Laporte, pero no habían tenido un paso previo fuera del club. Merino y Lekue habían pasado prácticamente por todas las categorías inferiores del club y antes ser jugadores de la primera plantilla habían disputado al menos tres temporadas entre Tercera y Segunda B.

En busca de la estabilidad mental

Como se suele decir, no hay una ciencia exacta. Hay que prestar atención a la formación de los jugadores, pero ¿cuál es la mejor forma para que éstos aterricen en la élite con cierta estabilidad mental y futbolística? Para un adolescente, estar en los medios continuamente, de un día para otro, sin tiempo para asimilarlo, puede ser traumático. Solo jóvenes con una madurez inusual o una mentalidad especial son capaces de ver inalterado su rendimiento deportivo y estabilidad emocional, más allá de la irregularidad a la que siempre están expuestos los jóvenes.

Históricamente se ha pensado que el mantener  más de una temporada a un joven prometedor en los equipos filiales supone un estancamiento. Que el jugador va a ver aminorado su entusiasmo, que se ve revitalizado continuamente con el premio de la promoción dentro del club, y por lo tanto va a mostrar menos las cualidades por las que se ha dado a conocer. En el caso de Merino y Lekue, desde el inicio de la temporada 2015/2016 mostraron sus cualidades con buena constancia, dentro de que no contaron con la lógica regularidad de otros habituales.

Jugadores de calidad

Sabin Merino es un delantero espigado que con el paso de los años, y como ha ocurrido con otros jugadores, ha sido desplazado hacia la banda. Desde ahí, en zona avanzada, es un doble recurso para el equipo. Si el juego es en largo puede acercarse al interior para prolongar o bien para disputar a los centrales o mediocentros. Si la jugada viene por abajo, puede recibir abierto y buscar el cambio de ritmo, porque cuenta con habilidad y zancada.

Iñigo Lekue fue una de las revelaciones la temporada pasada, por su capacidad para adaptarse a diversas posiciones y por la solvencia en su despligue, que se explica por una buena velocidad y técnica notables, para tratarse, en principio, de un lateral. Tan grata sorpresa fue que Vicente del Bosque lo premió llevándolo a la fase de preparación de la Eurocopa de Francia. Lekue y Merino demostraron ser capaces de acoplarse a la dinámica del primer equipo desde el primer día. Parecían llevar más tiempo allí, y a pesar de que no eran unos juveniles, no habían perdido un ápice de entusiasmo.

El Athletic es un club especial, en el que una vez establecido y consolidado el trabajo de proyección de los jugadores, la comunicación y un modo de proceder reconocible con y para éstos es clave. Si los jugadores saben que dando los pasos correctos dentro del club acabarán alcanzado un puesto en el primer equipo, no deben desesperarse por terminar su formación de manera pausada y consciente. Es más fácil evaluar a un jugador con más tiempo y enfrentándolo a diferentes situaciones, incluso de ansiedad por saber cuál será su futuro, que darle un impulso al mínimo destello que muestre. Esto es fácil de decir, pero si hablamos del Athletic es fácil de entender, porque es un club único en la Liga, porque se nutre en un buen porcentaje de jugadores que están o que han pasado por Lezama.

Ahora, Vesga y Yeray

El salto de Merino y Lekue fue repentino, pero se dio tras una pretemporada con el primer equipo. Más allá de su gran temporada en el ascenso del filial, y de las sospechas de esta nueva estrategia de promoción de jugadores, hasta que Mikel Vesga y Yeray Álvarez no vivieron el mismo proceso que sus compañeros una temporada después, no pudimos llegar a la conclusión de que es posible que sea una medida estudiada dentro de la dirección deportiva. No se trata de apariciones espontáneas a mitad de temporada.

Vesga, medio zurdo, espigado y con recursos técnicos; y Yeray, impetuoso marcador central, con personalidad y buena salida de balón partieron de inicio en el último partido de Liga ante el Espanyol. Los dos cumplieron en un partido de poco brillo. El central ha dispuesto de más minutos y lo ha hecho con firmeza y destacando por momentos. Pero los dos, en definitiva, son la muestra evidente de que hay una manera sopesada y efectiva de proyectar talentos más maduros al primer equipo. Las prisas, salvo en casos excepcionales, no son necesarias, si se sabe a conciencia de que el primer equipo se acabará nutriendo de canteranos. Y el Athletic debe ir por delante en la potenciación y estudio de estos procesos.

 

 

 

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Publicado el noviembre 9, 2016 en Informes, Inicio, Uncategorized y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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