Sin “piloto automático” | Sub-21

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Todavía no sabe qué ocurrirá, y cuál será el poso que deje esta Sub-21 cuando termine su recorrido. Ahora mismo, la traza que deja es la de un equipo con mucho talento al que le cuesta reaccionar cuando recibe un golpe. Y en este caso, no fue una metáfora lo que ocurrió entorno al minuto 30, cuando en una arrancada por banda, Asensio recibió un impacto en el costado de un contrario mientras driblaba pegado a la cal. Fue preocupante, porque se temió por su continuidad en el partido, pero también porque durante un buen tramo, incluso después de que él se reincorporara, el equipo perdió su sitio y el rumbo, y un equipo muy inferior técnicamente como Austria (al menos así planteó el partido) pudo adelantarse antes. Fue un aviso de lo que ocurriría en la reanudación, cuando el letargo fue mayor. | Foto: SALZBURG.com

Es cierto, Oliver, Asensio y Denis intercambiaban sus posiciones a todo lo ancho de la zona de ¾, buscaban descolocar a su rival. La selección comenzó con ritmo, pero Austria esperaba con todos sus efectivos en su campo. Hubo desequilibrio, sobre todo con Deulofeu y Asensio, pero como suele ocurrir, con tan pocos espacios, costaba que se dieran ocasiones ocasiones. Fue después de ese primer letargo, tras el duro golpe que recibió Marco Asensio, al filo del descanso, que Deulofeu rompió la espalda de la defensa y se las arregló para provocar un penalti tras rectificar driblando al portero.

Ese gol que anotó el mismo jugador del Everton fue un guiño hacia un equipo que es un tobogán emocional, que tiene mucho talento, pero que no sabe manejar los momentos. Y esto es algo que osadamente se puede decir si valoramos la calidad de uno u otro equipo. Como se suele decir, Austria “olió la sangre”, vislumbró el miedo en su rival. Buena parte de la segunda parte transcurrió por un ir y venir que pudo favorecer a cualquiera, aunque al final la Sub-21 estuvo más cerca de anotar.

Todo se decidirá en Albacete, pero si el equipo avanza hacia Polonia, toca revisar de nuevo la estructura del mismo en pos de encontrar una estabilidad mayor. Táctica y emocional. Cuando aparecen los momentos de duda, que es algo lógico en cualquier equipo, suele haber elementos de sujeción, una especie de “piloto automático” para momentos así, y no ir a la deriva. En un equipo ofensivo, en un equipo que quiere tener la pelota, en lugar de rifar balones, lo más natural es pasársela a alguien que la gestione bien. Que aguante de espaldas, que utilice el cuerpo y gire.

En los últimos minutos pudimos ver a  un Oliver Torres que tiró de sesera en alguna situación, a partir, evidentemente, de su gran técnica. No hay que ser un gran observador para darse cuenta de que Oliver no es un jugador potente. Tampoco es un jugador de gran elasticidad, salvo la que posee su tobillo derecho. No es un jugador corpulento, ni rápido. Pero es listo y cuando apreció la fatiga de sus rivales, tiró de timing e hizo pasar en más de una ocasión a alguno de ellos de largo. Esa coordinación y tempo es la que necesita el equipo cuando se descoloca, para que el contratiempo se convierta en algo conveniente.

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Publicado el noviembre 12, 2016 en Inicio, Sub-21, Uncategorized y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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