El movimiento de Oliver | Sub-21

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Desde que uno ve partidos de selecciones inferiores de España, el último ejercicio de calentamiento antes iniciarse el encuentro es uno de combinaciones rápidas entre los titulares, salvo el portero. Lo hacen en un espacio reducido, junto a la banda; cinco con peto y cinco sin él. En un rectángulo de unos 25 por 10 metros, los poseedores del esférico se lo tienen que pasar entre sí a uno o dos toques, a lo sumo, ante la presión de los otros cinco. Se trata de un calentamiento lógico para un equipo que va a depender de la combinación ágil para sorprender.

Agilidad, precisión y progresión del juego. Para jugar a uno o dos toques, hay pocos medios como Oliver Torres en esta Sub-21. Técnicamente sensacional, el extremeño ha intentado asimilar una evolución posicional de ida y vuelta, desde que tenemos registro de imágenessub21_231116_1 suyas. En esas primeras evidencias, en los campos de tierra, era un jugador imaginativo que se atrevía en cualquier parte del campo a inventar y progresar. Era capaz de iniciar y de finalizar, aunque evidentemente se trataba de un entorno más local donde la competitividad se ve reducida. La cuestión era, ¿podía marcar las mismas diferencias a otro nivel?

La técnica es la base de todo jugador, o debería serlo, pero a partir de ahí, la evolución física también lo coloca en un nivel u otro. En el caso de Oliver Torres, como en el de muchos otros de gran calidad, su complexión y su capacidad física le han ido situando en una zona del campo, pero aún más importante que eso, en un nivel de referencia en el juego. Con la llegada de Simeone al banquillo del Atlético, su nombre comenzó a aparecer en diversas citaciones con el primer equipo. Su técnica llamaba la atención, pero de pasar a jugar en una zona más organizativa, como lo hizo en casi todo su recorrido por la cantera atlética, se lo requirió para jugar más avanzado. Ya se sabe que el técnico argentino suele jugar con dos pivotes más posicionales y algo más físicos, para cubrir la zona. No quiere fantasía y riesgos para esa parcela del campo; prefiere, aunque también con un gran desgaste físico, que aflore en la parte más avanzada.

En el Carlos Belmonte

Volvemos a Albacete, al 15 de noviembre. La selección austriaca colocó de nuevo dos líneas muy juntas en su campo. Celades apostó en esta ocasión por Saúl y Oliver (que repetía) como interiores. Ante un rival así, muchas de las acciones de intervención son de espaldas, rodeados de un mar de piernas. Una situación que Oliver, que no cuenta con el físico de Saúl, resuelve como buenamente puede, pero casi siempre acuciado y tirando de técnica para resolver.

Para un jugador de sus características, que tiene buen panorama pero que sobre todo hace circular la pelota, se hace complicado tener que intervenir con poco margen de progresión. Porque su fútbol multiplica la producción colectiva si tiene un mayor porcentaje de participación. Anclado entre dos líneas abundantes de efectivos rivales, su labor, casi sin poder girar, es de pivote, y ahí el, a pesar de su técnica, no cuenta con las características físicas idóneas.

Xavi como referencia

En la era de Vicente Del Bosque en la selección, a Xavi Hernández le tocó jugar de interior, ante la opción en Sergio Busquets y Xavi Alonso en el pivote. En más de una intervención pública, el excelente centrocampista comentó que era una posición algo más incómoda para él, que estaba acostumbrado a jugar de cara en el Barcelona, y que solo avanzaba para sorprender, que hacerlo en muchas ocasiones de espaldas, donde simplemente descargaba e intentaba acomodarse lo mejor posible para no perder la posición. Pero seguramente a los 22 años, como tiene hoy Oliver, pocas veces tuvo que actuar en esa posición, tan incrustado entre filas rivales.

El movimiento es muy simple. Cuando la selección (aunque vale también para el club) inicia y él apoya al mediocentro en la salida, inmediatamente progresa y se incrusta entre líneas contrarias, en lugar de quedarse y realizar un apoyo continuo y mantenerse en esa posición, que también ayuda a crear superioridad en la zona central. ¿Se trata de que brille él o de que brille el equipo?

Gracias a su gran capacidad para que la pelota circule y pueda cambiar de plano, a la selección le conviene un jugador más participativo, porque además le va a aportar precisión. La clave está en la agilidad de pelota, en lo que se busca también con esos ejercicios de calentamiento previos. Oliver es un jugador técnico que actúa mejor en dos planos distintos, participando mucho en una zona de menos presión, y sorprendiendo cuando se da la opción más esporádica de ir hacia adelante, tras un buen control o gesto técnico de los suyos. Porque en su caso, y por su naturaleza, y teniendo en cuenta el estilo de la selección, no hay que dejarse llevar tanto por las decisiones que sobre él se toman en los clubes. Teniendo en cuenta esto, el suyo sería un caso inverso al de Saúl, que en el partido decisivo, finalmente sí jugó más avanzado.

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Publicado el noviembre 23, 2016 en Inicio, Selecciones, Sub-21 y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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