Tomar vuelo | Euro Sub-17

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Posiciones muy referenciadas. Compromiso. Trabajo intenso en las ayudas y esmero en no bajar la guardia. Estas características, ya las conocíamos de este equipo antes de llegar a Croacia. Salvo el descuadre mayor que supuso el inicio ante Turquía (una cara que no conocíamos del equipo español), la Sub-17 ha ido superando obstáculos a partir de ese orden y movimientos muy medidos en ataque, lo que habla de la efectividad en esta primera fase de la Euro. No ha tenido demasiada producción en ataque, si nos atenemos a las comparativas de mitad de campo hacia adelante con selecciones como Alemania o Inglaterra. En edad de formación, ese compromiso en pos del orden continuo del equipo es algo más que positivo, pero a partir de ahí, cabe soltarse.

El primer tramo de la segunda parte ante Croacia, da muestras de que hay cosas que mejorar. Un equipo con más capacidad de llevar a cabo el posicionamiento, anticipación y coberturas, y sobre todo con más calidad de mediocampo hacia arriba, ha de saber dar el salto desde la confianza de la robustez a la ambición por desplegarse con holgura hacia el frente. No es una exigencia, pero una vez ofrecidas claras muestras de solidez, la siguiente inquietud debería ser dotar de continuidad y agilidad al juego de ataque. Entre técnicos y jugadores, instarse al desorden e insistir en la aventura ofensiva. Sin duda, el juego es más rico cuando tiene variedad.

Con un once bastante definido, es más fácil observar esta falta de cintura en ataque, que claramente se puede cambiar. Ante Croacia salieron de inicio Nacho Díaz y César Gelabert, dos jugadores que jornada tras jornada muestran mucho carácter y participación en sus clubes, además de importantes cifras goleadoras. También actuó Álvaro, un mediocentro de buena zurda. Es lógico, más en el medio del Albacete, que los jugadores se dejaran llevar por esa admirable tendencia del equipo al criterio y a no bajar la guardia. Pero también es cierto que en los dos atacantes apenas pudimos ver esa osadía bien entendida que les caracteriza. En cierta manera, la dinámica del grupo no permitió observar las virtudes de los mismos.

Denia situó de inicio a José Alonso Lara en la derecha y a Gelabert en banda izquierda. La pelota buscó mucho más la banda del sevillista. Se insistió demasiado por aquel costado, aunque posiblemente fue la actuación ofensiva más destacada de la primera mitad. Y casi siempre por la misma razón, la ruptura. Para coger vuelo hay que encarar e ir al espacio. Lara cumplió con las dos premisas. Pero para ello hay que pasarle el balón, hay que buscarle, pero también hay que instar a que encare el balón. Si éste corre más rápido y varía la zona hacia la que es desplazado, eso también otorga confianza a los atacantes, que necesitan sentirse protagonistas haciendo lo que mejor saben, que es arriesgar. El riesgo es una necesidad en el juego, no una merma.

Hemos visto detalles de calidad en jugadores como Sergio Gómez y Abel Ruiz, pero posiblemente han sido las rupturas de Mateu Morey o Lara las que simbólicamente han aportado algo más al equipo. Es de valoración notable el compromiso del grupo en ayudarse sin balón. Ahora toca subirla en la otra faceta, aunque se diga que ya no haya margen para el error.

 

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Publicado el mayo 9, 2017 en Inicio, Selecciones, Sub-17, Uncategorized y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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