Desenfocados todos

Quizás yo sea el primero que no centre el análisis, pero honestamente es lo que veo ahora después de analizar el segundo visionado y medio del quinto encuentro de la fase de grupos de la Nations League. Hemos discutido en redes y hemos escuchado y leído análisis de diferente tipo. Pero lo primero que se debería de hacer es analizar estrictamente el juego y a partir de ahí pasar al contexto en el que una determinada situación se repite y repite.

Realmente en el partido ante Suiza, como tampoco fue en el último amistoso ante Holanda, no apilamos (expresión que, disculpad, utilizo últimamente demasiado, y si lo hago es porque digiero la situación con desdén) ocasiones claras de gol, lo que le ha ocurrido al equipo en las últimas citas es que decide mal en tres cuartos de campo y, entre imprecisiones y ofuscación, desperdicia las ventajas que le pueda ocasionar una buena presión, recuperación en zona avanzada o llegada en superioridad. A eso hay que añadir que una vez llegados a instancias decisivas de los dos últimos torneos que se han jugado en categoría absoluta, que son las dos primeras ediciones de Nations League, el equipo se desnorta. Se mueve en la inercia de lo trabajado en los entrenos con el seleccionador, muestra los automatismos, pero vuela en un campo sin gravedad cuando se acerca a la zona decisiva del campo. Y con el paso de los minutos, además, siempre aparece esa acción con el equipo desajustado en la presión, con jugadores fuera de ubicación, donde se pierden referencias, se regala la espalda y se acaba encajando. No hace falta que se lo hagan tres veces en un partido, con que sea una o dos, el encuentro queda decantado.

En la lectura fría del partido, en la revisión del mismo, la buena predisposición del equipo a jugar con las líneas juntas y avanzadas, a presionar alto, denota un buen hacer e intenciones positivas; la elección con balón en tres cuartos conecta directamente con nuestra lectura emocionada: los analistas, en directo, y con la inseguridad que puedan sentir los jugadores en el momento de decidir qué hacer, si es que las emociones no dominan al cerebro en esas situaciones. Ahí las decisiones son las que son, tanto en vivo como en el visionado reposado. Imprecisión y poca intención en las recepciones y prologaciones de Mikel Oyarzabal y lo mismo, añadiéndole malos controles de balón, por parte de Ferrán Torres.

Un tiro arriba de Ferrán con cierta ventaja en la mejor jugada de combinación del equipo en el 9′. Fabián en una acción característica suya con tiro desviado por Sommer en el 37′. Movimiento y tiro de Oyarzabal en la frontal que también desvía el suizo, al final del primer periodo. Además de una prolongación de un centro desde la izquierda que no llega a conectar Ferrán correctamente, estando solo en el segundo palo. Ese es el balance del equipo, en cuanto a peligro real ocasionado al rival.

¿Por qué un disparo no tiene más malicia, es más ajustado, o el jugador se toma su tiempo, que a veces lo tiene, para afinar la definición? Si las respuesta para todo esto se fundamentan en el talento ”innato” (algo cada vez más entrecomillado). Si cuando se llega a tres cuartos se deja todo a la inspiración individual y el ”hemos generado llegadas”, no nos debe extrañar que en el próximo partido decisivo, el martes, vuelva a pasar lo mismo. Aunque siendo sinceros poco se puede cambiar en unas horas, si acaso que la inspiración individual devenga en acierto de los mismos, y eso se definirá en décimas (no tanto el que el técnico se decida por unos u otros).

Mientras no nos obsesionemos en solucionar de la manera más sesuda estas situaciones, mediante charlas o ejercicios en campo que plasmen lo más fidedignamente posible las situaciones reales en los partidos, dependeremos del acierto individual más evidente. Y no creo que el gol sea producto solamente de eso, de otro modo tampoco se trabajaría la estrategia a pelota parada.

Entiendo que muchos puedan pensar que esto es una locura. Que llegados a este punto eso no se puede trabajar; el que ”¿cómo se trabaja eso?”, etc… La otra postura es abandonarse al lamento. Porque queramos o no, nuestros jugadores seleccionables (en cuanto a nivel) ya tienen más que asimilados el tocar rápido, ir hacia arriba y presión alta. Nunca se debe dejar de matizar conceptos, pero cabe ampliar miras, y claro que ese es un trabajo que se debe hacer desde la base. Hace no mucho escuché al Vasco Olarticoechea en un podcast que el siguiente paso, después de que hace ya unos años aparecieran los preparadores de porteros, lo hagan los de delanteros.

Mientras tanto, los análisis en los grandes medios tras los traspiés de nuestra selección se centran en que si ésta ”no ilusiona” como si el equipo le debiera otra cosa que no fuera el crecimiento del mismo. El ”no ilusiona” como deuda con esa entidad abastracta que uno no sabe si son los medios, la afición o algún que otro poder. La responsabilidad crítica de éstos se pierde en visiones o reacciones como que ”el equipo no gana fuera desde hace no se cuantos meses”; o insistir en el ”juega mal” y el ”por fin alguien más dice que juega mal igual que yo” ¿Y? ¿ Y qué más? Sin enfocar las razones de lo observado, con la pausa necesaria. Dejando de lado que para ilusionar hay que acometer un proceso, y que la lectura que los medios hacen del mismo, tan torpe y acotada, no da tiempo a nada. Sin añadir, que eso será otro capítulo, la incapacidad de poner en contexto lo que se está jugando. En fin, que la lectura y el análisis parte de la dispersión y se ahoga también en ella. Y así andamos, a caballo entre el ninguneo al proceso de formación de otro equipo y sentando cátedras que se sustentan en nada.

El martes finalizará otro proceso. Después llegarán los primeros partidos de la fase de clasificación al Mundial, la Euro, quién sabe si la Final Four de la UEFA Nations League y más partidos de clasificación, y menos que pocos harán balance e inventario de lo sucedido y de lo que llega teniendo en cuenta de donde venimos. Un calendario que por costumbre sirve de diana a todos aquellos que dicen sentirse molestos con el parón de sus ansiadas competiciones de clubes que suponen los partidos de la selección. No me cuesta decir que lo que les molesta es el análisis de la realidad que no les interesa y sí balbucear el modelo de negocio de los que marcan la agenda. Sigo leyendo y escuchando todo para poder decir esto.

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