Carril derecho; carril central

Lo simple sería decir que el de Paterna ha sido un encuentro entre juveniles y experimentados. Para alejarnos del tópico, la intermitencia en los conceptos del juego frente a la insistencia por proceder con las acciones que acaban dando superioridad.  En los primeros minutos, el filial del Valencia intentó mover el balón rápido. Al menos en los cinco primeros pudo mostrar algo en lo que a priori se puede pensar que puede superar a la UD.. Pero esta progresión, lejos de ser efectiva, se frenaba cuando acababa, en la banda derecha  a los pies de Hugo González. Un extremo, aparente interior, del 2003 que no acababa ni de encontrar profundidad en el pase ni ruptura de líneas en conducción, más allá de que, cuando recibía, mostrara en ocasiones soltura con el balón.

Cuando la UD fue ajustando la presión y mostrando más agresividad para recuperar, con un Ekain omnipresente en ello, las intenciones  se convirtieron en evidencias sólo para los de Carcedo. Encontraron un filón en la banda derecha –la izquierda que defendía el Mestalla, con un Jesús Vázquez, otro del 2003, que poco ayudaba a Facu, otro juvenil de segundo año, el central izquierdo–. Demasiada ventaja para unos celestes que tienen hambre, más madurez y variedad de recursos.

Ante el Mestalla ha hecho doblete Ekain. Se ha hecho esperar, después de las buenas sensaciones que dejó en el debut en pretemporada ante la Peña –lesión que le dejó fuera del trabajo a tope más de cuatro semanas–. Es un atacante que maneja variantes que otros compañeros de franja en el equipo no tienen. Es posible que visualmente Davo y Rodado tengan más conducción, o que Castel sea más corpulento, pero el durangarra viene a recibir, cuerpea, prolonga, va al espacio, a la segunda jugada y también se le ve conducir aseadamente. Maneja las diferentes situaciones del juego mientras la pelota está en movimiento.

Carcedo sigue con la idea de enganchar a Manu Molina junto a los centrales en la salida. Óscar Fernández, técnico del Mestalla, designó a otro juvenil, Pedro Alemañ (Elche, 2002), la labor de tapar esa vía. El onubense no apareció mucho con balón, o por lo menos no en acciones decisivas, pero el desgaste que provocó en el seguimiento y la marca ayudó a que el valencianista abandonara el campo en la primera parte por lesión muscular. El técnico de la UD prefiere que la calidad de Molina se muestre en el primer tramo del campo. Es lógico pensar que en tres cuartos daría otra agilidad, pero ahí prefiere que haya más ritmo y que la agresividad, creando superioridad con hasta cuatro y cinco atacantes, desatasque al equipo y amilane a los rivales.

Cinco victorias de cinco. Sólo un gol encajado. El equipo se puede permitir rotar el once entre partido y partido. Ha jugado dos seguidos fuera de casa en cinco días, con un balance de seis goles a favor y uno en contra, y un buen puñado de acciones más en ataque desperdiciadas.  Recibirá al segundo, el Hércules, el domingo en Can Misses. Sabemos que los de Carcedo han tenido más problemas contra equipos que se encierran, pero habitualmente los de David Cubillo proponen con balón. Veremos. Una victoria de la UD le daría un colchón de siete puntos en una competición tan corta.

Gilbe fue la vía de acceso

Sigo pensando que la clave de la Peña es su capacidad de agarrarse a los partidos. No se empequeñece ante las tendencias de éstos. El gran mérito de Raúl Casañ y su equipo de trabajo es conseguir que, más académicamente o menos, los suyos mantengan una tensión y nivel competitivo que no se había visto nunca en Santa Eulària, posiblemente en toda su historia, y seguro que no a este nivel. Si La Nucia consigue igualar, meritoriamente, el envite de acciones cruzadas en el que se convierten muchas veces los partidos en el Municipal, Casañ, con el ansia de ganar, lee acertadamente que debe proponer más por dentro, no centrarse tanto en intentar profundizar por banda, y, como suele ocurrir, comienza la segunda parte entrometiendo a su rival, sea la vía que sea, según el partido. Carlos Gilbert (Barcelona, 1999), el protagonista de ese movimiento de piezas, demuestra sus condiciones (aguanta la posición, gira y cambia de ritmo) y promueve una dinámica que por poco no lleva a la victoria a su equipo.

El año pasado ese ritmo alto que no se negocia se plasmaba en resultados gracias a balones al espacio que delanteros (casi todos ya no están: Higor Rocha, Fran Núñez,…) aprovechaban tirando de sus virtudes: fuerza, velocidad y profundidad en los desmarques. Tampoco los lanzadores son los mismos. Los hombres ofensivos de banda que salieron de inicio ante los alicantinos dirigidos por un veterano con recorrido en la élite, como César Ferrando,  prefieren recibir al pie y encarar, o aún tienen más esa tendencia. Loren Burón (Puente Genil, 1994) y Gilbert son jugadores de tenerla y encarar, y el primero és un hombre de uno para uno más típico aún. Sin espacios, con el juego interrumpiéndose de manera constante, es complicado progresar.

En el primer tiempo, Casañ situó a Toni Jou, por delante de la pareja de pivotes, Marc de Val y Cristeto. No fue una vía de progresión, si es que en un principio lo había ideado así el técnico. Su cambio en el descanso, la entrada de Colau en banda derecha y el cambio de posición de Gilbert (o Gilbe) supuso la aparición de metros para conducir hacia adelante. Seguramente, La Nucia, con menos atención e intensidad, ayudó a que el panorama cambiara.

De todos modos, el marcador no se movió. Hubo un penalti fallado, señalado en una jugada confusa, y algunas galopadas de Gilbe con disparo desviado. Lo fácil, visto que la Peña sólo ha marcado un gol en cinco partidos (a pesar de ir cuarta en la tabla) era preguntarle al técnico si hay algún bloqueo en el equipo o si se están obsesionando al respecto. Sinceramente, creo que el hecho de ser un equipo al que acertadamente se le insta a mantener una concentración e intensidad constante no debe llevar a confusión a los aficionados. La Peña cuenta con jugadores jóvenes, algunos prácticamente debutan en la categoría. Son talentosos, pero el trabajo que se está haciendo con ellos, de inculcarles otros matices del juego, a veces requiere de un tiempo.

Hay que recordar que incluso nombres como Cristeto o Loren, que no eran titulares el año pasado, están sufriendo una especie de metamorfosis. Creo que les va a venir bien. El salmantino suma quilómetros y responsabilidades en la base de la jugada y Loren en el ir y venir. Y me centro en ellos porque están en el inicio de su madurez futbolística, los 26 años.  Y es que si Casañ, en ese tránsito de competir y esculpir jugadores, acaba construyendo otro equipo incluso capaz de golear, no sé ya si alguien estará legitimado para exigirle algo más.

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