La UD y las dos acepciones de embalado

“En el segundo tiempo hemos tenido un poquito más de pausa. Habíamos tenido un poco de ansiedad por lo que suponía el partido. Hemos llegado mejor por un lado y por el otro… Y somos merecedores de la victoria”. Cabe detenerse en estas apreciaciones de Juan Carlos Carcedo justo al finalizar el encuentro. Seguramente, una vez repasado el mismo, tal vez el hecho de que el equipo haya atacado con algo más de claridad en la reanudación haya provocado que desdeñe señalar la distancia entre líneas que su equipo cedía una vez que su rival iniciaba desde atrás.

 

Conocemos, y gusta, la versión de la UD intensa desde el pitido inicial. Que suma llegadas, algunas con más claridad que otras. Ante el Hércules, el equipo con más historia del subgrupo 3B, comenzó igual. Al menos los diez primeros minutos, el equipo de Carcedo mostró la misma impronta que en citas precedentes. Pero llegaron las dudas, y las dudas nacieron de la calidad del mediocampo alicantino (Moyita, David Sánchez, Alfaro y Borja), tanto cuando la tenía, como, sobre todo, cuando venía a presionar la salida de atrás de la UD. Y es que las ocasiones más claras de los visitantes en esta sexta jornada, en el primer periodo, vinieron de dos malas salidas diferentes. La primera es una conducción del rival David Sánchez –buen jugador aún Sub-21, del 98, formado en la cantera del Leganés: elegante en la zurda, espigado, buen físico, que aún puede mejorar en cuanto participación– al que, ante la presión, la pelota se le va algo larga, a los pies de Goldar, que en lugar de actuar con más claridad golpea el balón, de frente, contra el jugador del Hércules. El rebote supone un mano a mano que Germán resuelve bien. La siguiente acción es un pase del propio Germán que, en lugar de abrir al costado, a Morillas, que cuenta con más espacio, conecta con Javi Lara que, presionado en el pasillo central y de espaldas, cede mal, intercepta David Sánchez, de nuevo protagonista, pero define desviado.

Producto cerrado; producto por embalar

Hasta hora, el Hércules ha demostrado ser el rival de más jerarquía al que se ha enfrentado el Ibiza. Al menos en cuanto a esa relación de calidad e iniciativa de sus hombres más técnicos. Eso sí, dejó sensaciones similares al día de la Peña, porque los celestes siempre dieron la sensación de abrazar la exigencia de manera más natural. Que el método de Carcedo, más sistemáticamente ejecutado, transmite que tarde o temprano se va a imponer por el trabajo previo y el afán de dar continuidad a lo planteado o con la versatilidad de los cambios tácticos. Un todo en el que se incluye la variedad y calidad de la plantilla en esta temporada.

Se impone (y ya sabemos que pudo empatar o perder, también) por una cuestión de insistencia, una vehemencia que se diagrama en su manual claro de ir hacia arriba con pocos toques. De presionar alto e ir al espacio. De intercambiar posiciones en ataque para que su rival tenga pocas referencias. La UD es un paquete robusto y lleno de contenido, y el pasado domingo en Can Misses tenía enfrente un envoltorio atractivo pero que ni está cerrado ni aún es digno de ser entregado. Quedan cosas por mejorar también en la UD, el “servicio” siempre puede ser mejor, pero el técnico riojano ha demostrado que ya puede entregar algo a sus clientes: sus jugadores y la afición. Y hacerlo en tan poco tiempo demuestra que tiene capacidad, fútbol.

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