Pablo Moreno

Pablo Moreno (Granada, 3/5/2002) viene de jugar tres partidos de inicio con el Girona (Mallorca, Espanyol y Málaga), y los últimos minutos de diferentes encuentros, como la derrota por la mínima ante el Alcorcón; la victoria ante el Albacete, donde ha hecho su primer gol; la victoria ante el Logroñés; y finalmente la derrota ante el Tenerife. Entre medias de estas citas, se había perdido el partido ante el Mirandés por una sobrecarga en el cuádriceps.

En estos buenos minutos con los que ha ido contando, casi siempre ha actuado escorado a la izquierda, una posición nada desconocida para él. Pero antes de entrar en más detalles sobre sus últimas participaciones, voy a repasar de dónde viene y mi percepción sobre ese recorrido del granadino.

Personalmente, no me pareció acertado –y es una cosa que añado a cualquier jugador que en edad temprana suena para diferentes equipos, y que en poco tiempo cambia de club, y además en diferentes países– que él y su entorno decidieran escuchar ofertas a tan temprana edad, cuando ya, además, de muy joven había dejado el Ciudad de Granada por el Barcelona. Es un chico en formación y permaneciendo en una base fija, sobre todo si es buena, los conceptos se adquieren de manera más sólida.

Sin embargo, he de decir que, pese a que dejé de seguir su carrera con más frecuencia cuando se marchó a la Juventus, y que había ido postergando para más adelante los visionados de sus partidos una vez que había aterrizado en Girona cedido por el Manchester City, la primera impresión sobre sus últimas actuaciones no ha sido mala, ni mucho menos. No es que haya deslumbrado con conducciones de las suyas; con su capacidad goleadora, que siempre tuvo mucha en inferiores; o en definitiva que haya participado mucho con balón. Sin más, me ha dejado una buena sensación su actitud y me ha motivado a escribir sobre él.

Está metido

Me ha gustado verle metido, centrado e interesado  permanentemente por lo que sucedía en el campo. Es una perogrullada, pero un chico que siempre ha escuchado loas desde que era muy pequeño, con múltiples ofertas de grandes clubes, finalmente debuta como profesional en la Segunda española, algo que fuerza una bajada de perfil que, a alguien que pudiese haber adquirido un ego aún no fundamentado, podría haberle hecho interiorizar un comportamiento más cercano a la desidia. Y no es que haya tenido un acierto pleno en el juego, pero, insisto, sí está implicado. Eso es lo primero que ha de ofrecer un talento, porque una vez que asimile el ritmo y tempo a la competición, saldrán a relucir cada vez más sus virtudes. Ese siempre es el principio. Se empieza a crecer desde ahí. Y el fútbol en serio ya sabemos que es el profesional. Y el que es bueno, y que es constante, se queda; y el que viene siendo un jugador “bonito”, tendrá que recorrer un camino para llegar a ser bueno, si es que está dispuesto.

¿Tengo razones para desconfiar de Pablo Moreno? Ya he dicho que conozco sus condiciones, pero quiero hacer aquí un alto. Contaré cómo llegué a saber de Pablo Moreno.

En mi inquieta y permanente búsqueda de nombres, en un foro del FC Barcelona leí a un conocido seguidor de la cantera azulgrana, un entendido sobre los movimientos de entradas y salidas en los escalafones inferiores del club, Carles Aguilar (@charlyplanter), que un ojeador de la zona de Granada le había hablado de un niño muy pequeño, probablemente prebenjamín, totalmente diferencial. Y especificaba que era de Huétor-Tájar, en el Poniente Granadino. Yo le pregunté en el foro por más datos sobre este chico, pero no me dio nombre ni club al que pertenecía, simplemente me contestó que había cierto seguimiento, aunque el chico era muy pequeño aún y había que ser cautos.

La eterna búsqueda

A mí se me quedó la copla de un talento excepcional en un lugar “recóndito” de nuestra geografía. Y me puse a buscar de manera obsesiva datos por la red. Imágenes, archivos de torneos amistosos por la región de clubes de aquel pueblo que hubiesen destacado en un lugar vecino. Lo cierto es que se me viene algún recuerdo de alguna foto de algún chavalillo pequeño, moreno, conduciendo una pelota, como sospecha de que pudiese ser el niño de Huétor-Tájar. Algunos datos de goles relacionados a algún nombre que ahora mismo no recuerdo. En fin, ante la ausencia de respuestas en la búsqueda, dejé de indagar de manera intensa.

Si digo la verdad, dónde y cómo leí por primera vez el nombre de Pablo Moreno no lo recuerdo. Quizás fueran semanas o meses después del rastreo sobre la pista de Carles Aguilar. Eso sí, debió de ser entre 2010 y 2011. Puede que llegara a él de casualidad viendo un vídeo de Youtube del Granada 74 de fútbol sala. O puede que leyera en alguna crónica de un medio andaluz que Pablo era una cosa excepcional –ya con el Ciudad de Granada, algún reportero lo llamaba el “Messi andaluz”, al derrotar al Betis en una semifinal o final benjamín del Campeonato de Andalucía–. Una vez anotado y localizado, recuerdo haberlo visto todavía como prebenjamín en algún vídeo del Campeonato de España de fútbol sala por autonomías –y en aquella época yo vivía en Alemania, pero uno de mis mejores amigos, el Lara, estaba haciendo un máster en Granada. Así que le pedí que se acercara algún día a verlo in situ, sacar algunas fotos y redactar un pequeño informe, pero supongo que las cosas del máster y el “entorno” no le dejaron ir–. Iba a decir que no lo asemejaba al genio rosarino, aunque entendí que su capacidad para destacarse entre los otros chicos y el gol que ya poseía pudiesen maravillar a aquellos que lo estaban observando.

Para empezar, Pablo Moreno, como ya mucha gente sabe, es diestro. Es más alto que un jugador del biotipo de Messi. A esa temprana edad a mí me recordaba jugando a Enzo Francescoli. No intuí que realmente iba a ser un jugador más robusto. En esas primeras imágenes ya se veía que era fuerte, y que tenía un primer control bueno para girarse y encarar portería, con una buena dosis de velocidad. Pero su evolución física ha ido más hacia el coger cuerpo y no tanta altura, aunque no es escasa (la página web del Girona dice que mide 1’78).  En la cantera del Barcelona fue donde se visualizó más ese cambio de complexión. Una evolución física que coincidió con cierto estancamiento, al menos en los meses anteriores a su marcha a Italia. Seguramente era una época difícil en la cantera blaugrana, con muchos clubes acechando a las mejores promesas. Pablo es de la misma generación que Ansu Fati o Nico González, pero el reciente internacional absoluto siempre fue la apuesta más decidida del club, subiéndolo de categoría siempre que era posible. Los tres han sido grandes talentos, pero la evolución que los técnicos no vieron en Pablo para decidir promocionarlo de la misma manera, seguramente fue el punto de partida para alimentar una impaciencia en él o su entorno, o en ambos, que supuso finalmente su marcha a tierras italianas.

Sus virtudes, partiendo de la banda izquierda

No seguí mucho la trayectoria del granadino en Italia, salvo algunos partidos en la UEFA Youth League en los que ya se lo pudo ver arrancando desde la izquierda con mucha potencia, buena habilidad y recorrido. Llegó a ir convocado con 16 años con el primer equipo. Y de ese más bien breve paso por Piamonte, a fichar por el City, que a su vez lo cedió semanas después al Girona, para vivir definitivamente su primera experiencia como profesional.

Como comentaba al inicio, salvo por la pequeña interrupción debido a la sobrecarga muscular, ha tenido bastante presencia, incluso sumando algunos partidos de inicio. Llegó a encadenar tres titularidades seguidas, ante Mallorca, Espanyol y Málaga –cierto que la baja de Stuani ayudó–. Su primer gol en categoría profesional lo consiguió ante el Albacete, nada más entrar en el partido. Quedaba menos de un cuarto de hora.

Suelen situarlo en la punta izquierda, a pierna cambiada. En esa anotación, una diagonal hacia el centro del área, acompañando la altura de la jugada en la que conduce Yoel Bárcenas, le llevó hacia el área de remate anticipándose al portero para definir. En esa acción, un movimiento lógico para acumular rematadores, sí que abandonó la posición.

Esos minutos en el Carlos Belmonte son una buena muestra, reducida, de su repertorio. Incluso hay una conducción larga ante un rival, de unos 30-40 metros, en la que finalmente frena, amaga y consigue alargar la posesión. Una acción pegado a la línea de cal que da aire a su equipo.

Pablo tiene cosas diferentes a otros delanteros destacados surgidos de nuestras inferiores. La suma de su potencia, estabilidad sobre el verde, velocidad, olfato goleador y técnica hace que pueda ocupar distintas posiciones. Es un nueve con potencial diferencial, versatilidad técnica y táctica, aunque hay que decir que puede mejorar diversos aspectos relacionados con la posición de punta más clásico.

El año pasado con la selección Sub-17 alternó titularidades con Jordi Escobar, otro chico que está en la disciplina de un equipo de la Liga Smartbank, como es el Almería. Escobar tiene más rasgos de nueve puro, pero Pablo competía con él en esa demarcación (y sólo jugaba uno). El granadino ha demostrado que puede ser una pieza desequilibrante arrancando desde más atrás. Cuando lo hizo en punta, con la Sub-17, en alguna ocasión sufrió el hecho de no poder estar muy en contacto con el balón y tener que hacerlo de espaldas. Esa siempre es una función que puede ser ingrata –en la selección, Pedri solía partir desde la izquierda, ya en el Mundial de Brasil– e improductiva para el equipo, si se tiene en cuenta que se pierde opción de desequilibrio sin un jugador como él allí. Pero la realidad es que debería acostumbrarse a ese roce con los centrales. Es fuerte y rápido. El juego aéreo no es su fuerte, pero mide cerca de 1’80 y quién sabe si los alcanzará, así que no debe descartar la opción de ser una alternativa para su técnico en otra posición.

Nombraba a Jordi Escobar y en estas líneas me he centrado en Pablo Moreno, pero me valen los nombres para una vez más señalar lo importante que es nuestra Segunda División en la formación de jugadores para ya ir adquiriendo roce competitivo. Y una vez más, el camino más corto para llegar a ser profesional (que, aparte de divertirse, debería ser el objetivo de cualquier chico con condiciones, si ese intento no ha de convertirse en una tortura), algo que no suele ser fichar por un equipo “rico” y sí dar los pasos naturales en las categorías del fútbol, sobre todo, y primero, en el más cercano.

Y así volvemos a lo del entorno del jugador, clave y no por más repetirlo deja de tener la vigencia intacta. Las personas que tenga más cerca le van a ayudar a crecer como persona y futbolista, o le dejarán sin las bases sólidas para poder formarse integralmente. Ojalá pueda estar un tiempo en el Girona y mantenga esa actitud. Y que si ha de irse, que sea al final de temporada y que sea para seguir jugando.

P.D.: Pablo Moreno no es aquel niño de Huétor-Tájar. Y nunca he sabido si existió o realmente no progresó. Simplemente, la búsqueda me llevó a otro chico granadino.

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