Un rato por el “galimatías” de Koeman

No era obsesión analizar el último partido del Barça por la decisión de Koeman de actuar con tres centrales. Pero sólo ese mero pensamiento entiendo que pueda traer a la memoria otras épocas, no tan lejanas, donde el alienarse con una forma de entender el juego que se despliega por el campo ágilmente con la obsesión, ya desde atrás, de situar a gente de buen pie era la norma, y mirar hacia lo contrario, la protección táctica, el no conceder, parecía profanar el templo que en esos momentos era el juego de posición.

Mi idea no era ni una cosa ni la otra, o tal vez las dos a la vez. Ni analizar una decisión táctica del entrenador ni criticar un giro radical en el estilo de juego. Pero es casi imposible no repasar todo al ver un partido del Barcelona. El último encuentro de Liga ante el Eibar se podría resumir en tres partes: en sus problemas en la salida de balón –algo que seguramente requiere trabajo, no sólo en cuanto a la velocidad de balón y capacidad de orientarse de los centrales, si no en cuanto a posicionamiento de sus hombres más atrasados cuando se inicia el juego desde Ter Stegen, que ya sabemos que es uno más con el pie–; en Junior Firpo, seguramente en uno de sus mejores partidos de azulgrana, por una mera cuestión de posicionamiento y lectura al atacar el espacio; y en entrada de Dembéle, que ayudó a que el Barça tuviera más cuerpo en ataque en la segunda mitad.

Cualquier seguidor de la Liga sabe, o tiene una idea somera, de cómo presiona el Eibar y cómo utiliza las bandas para atacar. Pero centrémonos en algo tan evidente como la presión. La línea de tres centrales del Barcelona tan junta al iniciar muy retrasados era una visión grotesca en muchas ocasiones. Con esa instantánea ante los ojos, es difícil de entender cómo un equipo puede caer en su propia trampa. Ya sé, todo se hubiera acabado si no se hubiese salido con tres centrales. Creo que esa era la pregunta a Koeman en rueda de prensa. El técnico se lamentó, eso sí, de que sus hombres no intentaran jugar por dentro de manera directa con Martin Braithwaite, pero con tanto hombre por detrás de la línea de balón, ya de salida, debería sonar más a último recurso que no a plan de partido, conociendo la presión adelantada como rasgo identitario y no casual de su rival.

Dejando las incidencias en el bloque de atrás, un problema tan visual y más duradero que ese en el equipo es la gestión del balón en la medular. Aquí cabe detenerse en Frenkie de Jong, un jugador que me gusta, pero que repite actuaciones desacertadas en la lectura del juego. Diría más, con una trayectoria errada desde hace ya un buen rato. Conduce bien, es plástico (algo que creo que no es tan gratuito, y eso que me considero bastante pragmático) y entiende el juego, esto último es lo que más desespera, porque el nivel de desacierto que se le aprecia partido tras partido no ayuda a la progresión del juego del equipo, tan dependiente históricamente del tránsito por el mediocampo.

Vemos conducir al holandés de un lado para otro: hacia atrás, hacia afuera y las menos rompiendo líneas hacia arriba. En el periodo de observación conveniente de un jugador talentoso como este, de sólo 23 años, las condiciones que se le aprecian son una justificación aceptable para tener paciencia ante el desacierto o la improductividad. Sin alargarme más, la cuestión es tocar y soltar, o jugar a un solo toque. En la mayoría de las acciones en que conduce erra en lo que el juego necesita: la tiene demasiado y no clarifica. Es mejor un pase rápido funcionarial que no eso. Muchísimo mejor, porque no desordena a sus compañeros. Está administrando mal sus virtudes, y en el polo opuesto está Pedri, que interviene bastante menos de lo que parece con los titulares que se escriben de él.

Del canario se debería hablar, como de cualquier juvenil jugando en un equipo de esa entidad, con mesura, pero es imposible. Tras la lesión de Ansu, es el único Sub-19 en el equipo, y parece que se ha ganado, por ahora, un puesto en el once. Su talento no está en la velocidad y el impacto visual de los frenazos y arrancandas de Dembélé o del mismo Messi. Ni siquiera en la elegante conducción de De Jong. Hoy destaca por la lectura del juego, el compromiso en todas las facetas y su buena técnica, capaz de aplicarlas con las mismas pulsaciones a los 18 años en el escenario más trascendente que se le exija. Se entiende que está físicamente por hacer, no sé si mucho o sólo un poco, pero él siempre va a olfatear el partido, acercándose a lo que requiere: como ver y poner la pelota al espacio en las subidas de los jugadores que tienen ruptura en potencia que él no tiene (que no quiere decir que él se desmarque mal, todo lo contrario. Hablo de pura cuestión atlética).

En la primera mitad, lo mejor del Barça llegó en un par de acciones por la pausa justa de Pedri para filtrar el balón a las subidas de Junior, que, dicho sea de paso, se posicionó bastante bien para atacar, tanto en estático, muy posicional y avanzado durante todo el partido (también con el cambio de sistema en la reanudación) como cuando tuvo que romper. Si la medida de un jugador ha de hacerse por su virtuosismo o por su capacidad de trascender en un entorno de la máxima exigencia, la sentencia pública sobre Junior  no hace falta que aquí se dictamine, teniendo en cuenta su rendimiento desde el día que llegó a Barcelona. Pero ante el Eibar una cosa quedó clara, con unas indicaciones concisas sobre un planteamiento de juego, es perfectamente aprovechable. Además, físicamente es un jugador que da pulmón y potencia. Todo se resume en adquirir confianza y mostrarla con regularidad.

En otra zona y con otras características, el caso de Dembélé tiene su parentesco, en cuanto a la confianza. Ahora debería de jugar siempre que no esté lesionado. Sin Ansu, es el punto de desequilibrio y gol más importante que tiene el equipo junto a Messi. Estuvo en casi todas en la segunda mitad. Es entendible que ahora, desde fuera, se pueda tener la debilidad de pensar que ha adquirido cierta regularidad, porque las condiciones no se le discuten. Así que no creo que el problema serio del Barcelona sea la incapacidad para crear ocasiones. Hay que poner el foco en las transiciones en el centro del campo, tanto en el equilibrio posicional como en la velocidad de balón y la idoneidad para la trasladarlo. La confianza de cualquier equipo que ataca se sustenta en ese punto, e incluso para tener más acierto de cara a puerta.

Protagonismo difuso en el pivote

El paso a papel secundario que está viviendo Busquets es a su vez la desaparición de un vértice en el juego. Está bien que ahora se quiera jugar con doble pivote, pero en este caso concreto la doble función es visualmente una disfunción. No hay concisión en la interpretación del juego de Pjanic i De Jong, ni lo acaban de simplificar ni lo elevan. Adquieren un protagonismo difuso que da aire a las opciones rivales. No son un apoyo claro ni una transición práctica hacia arriba. Tienen buen pie, pero sus movimientos y elecciones con balón apenas tienen trascendencia. Y más que poner el acento en ellos (ya se ha tratado lo del holandés), lo pondría en el club, en la manera que se ha abandonado una zona del campo clave en el estilo y no quedando tan lejos la sublimación en su interpretación con el pivote y los dos interiores hace dos días, como aquel que dice. Hay que trabajar mucho con los dos si se quieren elevar las posibilidades del equipo. Si no es así, todo dependerá del mismo de siempre;  de que Dembélé no se lesione; de que Ansu vuelva como antes de la lesión; o de que los compañeros confíen más en Pedri, para que la reciba rápido y pueda filtrar, pero hay que insistir que incluso para que todo eso valga también hace falta un mejor trabajo en la parcela ancha.  

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