Asensio: los números contra las sensaciones

Marco Asensio transita por el campo como el que aún no palpa la exigencia. Sin embargo es difícil cree que no oiga los ecos de aquellos que ponen en duda que tenga las cualidades necesarias para jugar en ese club; aquellos que creen que se le bañó de halagos inmerecidos en sus primeros meses en el Madrid. Su rostro transmite cierta ingenuidad y algo de coraza contra el discurso tenso de una crítica que obligaría a fruncir el ceño. Él lleva meses flotando por el campo, sin gravedad en una burbuja donde la exigencia no accede. Donde el nervio, la mirada afilada que un mediapunta debiera tener, es una aguja, hasta ahora infructuosa, que espera hacer explotar la pompa protectora para que plasme todo aquello que se le intuye porque se le ha visto.

Lo he repetido mucho en twitter. Es una cuestión de estabilidad emocional. Ese es el problema de Asensio y lo ha sido de muchos otros jugadores. Su caso me recuerda mucho al de Martín Vázquez. No sé si tienen caracteres parecidos, pero el madrileño era otro tipo de mucho fútbol que no acababa de romper y que nunca acabó de hacerlo del todo, pese a dejar buenos momentos. El peso de asumir diariamente el hecho de ser el jugador desequilibrante (o uno de ellos) en una entidad de tal jerarquía no es para cualquiera, ni siquiera para ese que tiene muchas cualidades. La mentalidad es tan importante como las condiciones futbolísticas, si no es ésta realmente una de ellas. Asensio, tan simple y tan difícil, necesita adquirir esa seguridad y estabilidad mental para poder centrarse única y exclusivamente en desentrañar los partidos a partir de su fútbol.

El pálpito tangible en campo

Es cierto que acabamos de ver su mejor actuación en meses, sobre todo cuando pasó a jugar en la banda derecha, en esa segunda semifinal de la Supercopa. Todo se debe a dos tiros al palo y a un par más de golpeos con peligro. Es un balance mayor que en otras jornadas y la cuestión no es exigirle más. Es cuestión de trabajar para que encuentre su pálpito tangible en el campo y que pueda realmente desarrollar su juego desde una base, para que el intentarlo no le suponga tener que encerrarse en sí mismo y poner distancia sobre lo que sucede en el campo. Para que éste sea el lugar donde le apetezca estar y que se pueda expresar en él de la forma más específica y menos difusa en relación a sus cualidades.

Por ello, voy a poner frente a frente a los números y a las sensaciones. Ante el Athletic, Asensio intervino 54 veces con pelota. Nada que ver lo que produjo en los primeros 20-25 minutos, con lo que fue mostrando en el resto del encuentro. No es casualidad que su improductividad al inicio tuviera que ver con que jugara en la banda izquierda. Casi siempre recibió atrás. Fueron once intervenciones de las que sólo cuatro se produjeron de tres cuartos hacia adelante: ningún disparo; sin noticias de centros peligrosos; y una sola recuperación de balón. Era una muestra más del Asensio insustancial de los últimos meses.

Una vez que se situó en la banda derecha, desde donde puede tirar diagonales, no es que se viera un flujo continuo de sus aptitudes. Realmente mejoró y destacó por algo que puede mostrar de manera más cómoda: su disparo. A poco que pudo recibir en zona más avanzada, sobre todo en la segunda mitad: un par de pasos hacia adentro, claro localizado y disparo con peligro. Lo que realmente le cuesta es atreverse a romper líneas cuando recibe en cualquier zona del campo. Es como que no hace pie, como que sus piernas pierden gravedad y no es capaz de asumir la responsabilidad de abatir la moral del rival con una de sus carreras que yo sé que lleva dentro, que forman parte de su repertorio. Al contrario de lo que ha pasado históricamente con jugadores de un perfil similar, que son pocos, él ha ido conteniéndose y conteniéndose más en esas acciones individuales, que realmente ayudarían mucho al equipo.

Rey del regate sin regate

Realizó cinco disparos. Dos fueron a los palos. De regates prácticamente no hay registro, si no contamos su típico amague y movimiento hacia adentro para buscar el golpeo. De los cinco tiros, además, dos fueron al primer toque, algo que demuestra virtud, pero que observando su proceder en el campo se sabe que es algo que realiza con menos esfuerzo mental, no le acarrea exprimirse en cuanto a la exigencia.

Es cierto que apenas contabilicé un par de pérdidas suyas, pero es que el riego que asumió con pelota, como ya he dicho, fue escaso.

Durante años y años he observado obsesivamente a jugadores y jugadores. Me he detenido más en los que aprecio cualidades y no tengo duda de que la estabilidad emocional de los mismos forma parte de su prestancia. El hecho de poder mostrar una buena parte de sus facultades de manera regular habla de que estamos ante un jugador de nivel, pero también es más fácil que ese hilo de continuidad se corte cuando el jugador se caracteriza por desenvolverse en la zona decisiva del campo, para hacer gol o darlo. Y hacer gol o darlo de manera constante en el Real Madrid, como en algunos otros grandes clubes, es la cumbre futbolística. Plantearse alcanzar ese punto y mantenerse requiere de una mentalidad especial. A pocos se les puede exigir tal empresa. Y hay que aceptar que en el intento alguno pueda vivir una batalla consigo mismo de la que no seamos conscientes, y en la que el vacío entre ésta y la realidad cotidiana puede ser inmenso.

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