“Acabar” en Miranda

Abrazando la literatura barata podría decir que, cuando uno está de bajón, no está de más darse una vuelta por Miranda de Ebro. Echando la vista atrás, el Mirandés se incrustó en la retina de muchos por sus actuaciones de Copa estando en Segunda B. Después consiguió ascender al fútbol profesional. También bajó y después volvió, y ahora es una chaqueta de estar en casa que uno puede ponerse cuando el tiempo de las otras cosas y otro fútbol se lo permite. Sí, es una prenda hecha de multiples pedazos de tela cedidos, no creo que sobrantes. Directores deportivos, ustedes sabrán.

También podría verse esa ciudad pequeña del norte, enlace de tren nocturno con el País Vasco, como la que acoge el internado al que el alumno de dudosa proyección es enviado para ver de qué piel está hecho. Miranda no es la ciudad con más ambiente, y en pandemia invita a aún más a prestar por un tiempo a la promesa que a lo mejor se mira desde casa con escepticismo. Esos jugadores observados por muchos que luego al valorarlos te sueltan un “sí, pero no”.

Iván Martín (Bilbao, 14/2/1999), Víctor Gómez, Berrocal, Vivian, Pablo Martínez, Sergio Moreno y ahora Cristo González, entre otros. Pongo a Martín el primero porque fue por él que eché el primer vistazo esta temporada a Miranda. Y lo primero que pensé fue: qué suerte la de José Alberto López por dirigir en temporadas consecutivas a Manu García y ahora al medio criado en Torre Pacheco y formado también en Villarreal. Dos de los jugadores de técnica más pura surgidos de nuestro fútbol en los últimos años, y los dos están jugando en Segunda.

He ido salteando esto y lo otro de la temporada en Segunda. Y por no sé muy bien qué motivo el otro día me animé a ver el Mirandés-UD Las Palmas. Más allá del hermoso gol de Cristo González, un delantero diferencial con la pelota, vi a un Iván Martín que había crecido en implicación en el juego. Con más frecuencia en la presión, sin dudar en ir a la disputa. Asumiendo su liderazgo con balón pero también sin él: instando a sus compañeros a qué hacer y qué no hacer. Como cuando al final del partido Sergio Moreno a punto estuvo de perder los nervios por la falta que le hizo un rival y Martín acudió a serenarlo. Fue sólo un partido, y hacía jornadas que no le veía, pero noté una evolución que antes no había visto en él. Me gustaría pensar que es una tendencia y no sólo una sensación por lo visto en un partido.

Iván Martín parte posicionalmente a pierna cambiada en la derecha, entre la medular y tres cuartos, pero puede atrasarse más para apoyar en el inicio o aparecer por otras zonas del campo. José Alberto López sabe de su jerarquía con el balón y le concede cierta libertad. Conduce, finta, hace eslálones y asiste al espacio. Ahora, con un socio como Cristo, que habla un idioma similar con la pelota, encuentra un escalón más para cimentar sus acometidas. Como he dicho, su mejora viene más por su frecuencia en las intervenciones, tanto con balón como sin él. Sigue, eso sí, abusando a veces en las conducciones. Pero hay que ponderar como se merece esta apreciación, porque, quién más que él en el equipo puede asumir esa responsabilidad.

Entiendo que Javi Muñoz (Parla, 28/2/1995) pueda demandar también ese rango. Tiene más experiencia y deja casi siempre buenos detalles y rupturas de línea por dentro con su conducción. Una de las jugadas de más alto nivel técnico fue una arrancada en propio campo, con bicicleta para revasar rivales, y que finalizó con un disparo demasiado alto. Digo esto, y aunque ignoro si hay competencia entre ambos, porque eché en falta ante Las Palmas que dos jugadores como Iván y él no se buscaran más. Pero realmente hay que añadir que la posesión fue mucho más para los grancanarios. Es más, cuando el Mirándes no presionaba arriba, en muchas ocasiones se replegaba en campo con un 1-4-4-2. Pero los de Mel adolecieron de frescura para profundizar. Por ahí, sólo un medio interesante como el cántabro Sergio Ruiz era capaz comprometer las líneas burgalesas por dentro. Benito Ramírez también creó algo de peligro con alguna diagonal y tiro desde la derecha.

No tenía observado a Maikel Mesa jugando avanzado por la izquierda, y allí tenía que toparse con Víctor Gómez (Olesa de Montserrat, 1/4/2000), otro que acumula méritos para dar el salto de vuelta a casa, el Espanyol, o a otro lugar. El lateral hiperactivo lleva mostrando su cara habitual las veces que le he visto esta temporada. Y sin embargo es ese ímpetu lo que debe controlar. Medir las apariciones y adquirir calma cuando ataca el balón en los anticipos, para que una imprecisión no provoque desajustes en su equipo. Ataca, defiende y tiene la responsabilidad en muchos golpeos a balón parado.

Pablo Martínez hizo de pieza sacada de su posición. Es un jugador al que le observo cosas pero aún no lo tengo medido, y es eso tal vez lo que invite a seguirle. En bloque medio y atrasado en defensa, actúo como punta en paralelo a Cristo. Acaparó mucha menos posesión que los otros medios –lo comparó con éstos porque en el Levante solía jugar más atrasado– y el hecho de que López le destinara a esa función mixta y buscando espacios sin balón también habla de que se le pueden asignar diferentes roles.

Cristo González lleva pocos partidos en Miranda. Es una incorporación increíble para este equipo modesto en pleno mercado de invierno. Algún equipo de Primera también la hubiese querido. Pero lo que quiero decir es que no habló de él justo después que de Pablo Martínez por azar, como tampoco lo es que nada más llegar haya sido decisivo y haya hecho los goles que ha hecho. De alguna manera no sé a que se debe su “destierro”, su “ingreso en el internado” o lo que sea que signifique para él acabar en Miranda de Ebro, pero el hecho de llegar sin sumar ningún minuto en liga con el Udinese y en pocas jornadas mostrar lo que ha mostrado, ha de hacerle interiorizar que su nuevo lugar de residencia ha de ser también un lugar de reflexión. Que pasar de la nada a poder mostrar su talento no debe ser algo gratis y que aquí debe dejar algo, pagar asimilando otros conceptos que al final será una retribución, más que para nadie, para él mismo. Y para mí, que ahora ya tengo otro ánimo y puedo dejar pasar un tiempo antes de volver a Miranda.

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