Atzeneta-UD Ibiza: el segundo escalón

Puede parecer que la UD viaja con el navegador puesto por esta parte de la temporada. Teniendo en cuenta que sus rivales directos en el subgrupo (si es que realmente los hay) no acaban de ser regulares y que los de Carcedo, después del subidón copero, parecen mantener una marcha constante en el juego que les da solvencia, pero con menos guiños a la brillantez, la tendencia se convierte en un impasse del que el aficionado aguarda un giro de los acontecimientos.

Es cierto que en Atzeneta d’Albaida el equipo fue en los últimos minutos, no demasiados, más insistentemente a por el partido, ya con Rodado y Cirio en campo. Pero mientras observaba detalles del partido, me vino al recuerdo aquella cita de pretemporada contra el Real Murcia donde la presión insistente, con muchos atacantes, jugando una buena parte del partido (una primera mitad para el recuerdo) y un buen número de jugadores en campo contrario, hacía presagiar una cosa totalmente diferente a la que estábamos acostumbrados en la isla hasta ese momento.

Con esto no quiero decir que me sienta decepcionado, ni mucho menos. No sería justo sacar ahora una expectativa totalmente subjetiva, cuando sé perfectamente que la preparación de muchos equipos hace que el mes de febrero sea un periodo de cierta carga en los jugadores. Además, ya era consciente en ese momento de la pretemporada de que el equipo contaba con nombres de jerarquía que aún no estaban físicamente a punto y que acabarían entrando en el equipo, y que a su vez también marcarían o matizarían la manera de jugar.

Se me ocurre también que tanto ante La Nucía, Alcoyano y Atzeneta, el equipo ha tenido que enfrentar tres bloques medios que frenaban la salida y progresión del equipo. En cada uno, ha tratado de dar velocidad al inicio de manera distinta. Si el día del Alcoyano era Pardo, que partió en el medio, el que se retrasaba e iniciaba con una línea de tres, en El Regit, Carcedo lo sitúo de inicio, en una supuesta línea de cuatro como central diestro. En este caso, eran Manu Molina y Javi Lara los que se retrasaban para dar apoyo en la salida. Si era Lara, Morillas elevaba su posición.

La más chocante, la posición de Goldar como supuesto –y digo supuesto porque el dibujo es una cosa y lo que se ve en el campo es la realidad pero matizada; alguno verá línea de tres directamente, y es comprensible–­ lateral diestro. El gallego tiene toda la apariencia de un central, sin embargo, tuvo que tirar diagonales hacia arriba y se le vio situado en más de una ocasión ascendiendo a esos lugares por los que Fran Grima vive los partidos.

De todos modos, cualquiera que fuera el responsable de darle salida al juego tuvo muchos problemas para encontrar el siguiente escalón. El Atzeneta aprovechó las interrupciones que ganaba para mandar las pelotas a las esquinas y de ahí encontrar el área. Un movimiento simple, sistemático y efectivo. El buen momento de ánimo que viven seguramente les ayudó para encarar el partido de manera positiva y poder adelantarse en el marcador de esa manera: recuperación, balón a la espalada de laterales y centrar a la zona caliente. En esta ocasión no les hizo falta ni siquiera rematar.

No fue hasta la segunda mitad que el balón parado (o segunda jugada del mismo) le volvió a dar réditos a la UD. Pero quiero detenerme en aquello del segundo escalón. Es una batalla eterna el primer y segundo paso para un equipo que quiere llevar la iniciativa desde la posesión, aunque no hablemos de uno muy rígido en este sentido, como es el celeste. Encontrar rápido a Molina o Lara, que éstos estén bien perfilados y que se atrevan a mandarla por los pasillos interiores. Ahí la UD cuenta con Javi Pérez, que cada vez deja un abanico más amplio de controles, giros y conducciones. El problema, si acaso, es que por dentro, entre los hombres por los que apuesta habitualmente el técnico riojano, es el único capaz de tener ese recorrido en pos de la profundidad. Es clave que una vez que tenga esa posibilidad y la ejerza como lo está haciendo, los compañeros, en punta o en los costados, aprovechen esa ruptura, y claro, que él los vea y encuentre. Porque tan bonitas son esas maniobras del manchego, que atraen contrarios, como desazonadoras pueden llegar a ser: sólo hay que ver cómo están posicionados sus compañeros antes de que él reciba e inicie el eslalon y cómo lo están unos segundos después, si ha perdido el balón y la acción continúa con posesión rival.

Es muy fácil decirlo aquí, pero cuando Javi Pérez lleva a cabo esa acción uno echa de menos la asociación: otro interior con pausa, manejo y recorrido en esa zona del campo. Creo que ese es uno de los momentos en los que el juego alcanza niveles sublimes y que acercan al aficionado a lo más natural del mismo. Pero si hay que ser pragmático, seguramente bien hace la UD en tirar de variedad y no obcecarse con una sola manera de profundizar.

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