Cinco capturas de la medular: Sevilla-Barça

Son sólo cinco momentos, escogidos al azar, de iniciación del juego. Más o menos en estático, desde la medular. No demuestran nada ni contradicen lo que cada uno piense. Pero la sensación de que el Barcelona no tiene, o no por lo menos asimilada, una manera de producir el juego en esa zona de modo sistematizado, por la razón que sea, es algo que percibo en el directo y el poso que me queda después. Yo no veo los entrenamientos y puedo pensar que el cuerpo técnico que forman Ronald Koeman, Alfred Schreuder y Henrik Larsson está más que capacitado, pero el resultado es el que se produce en los intentos de elaboración. De los cinco fotogramas, que cada uno encuentre sus coincidencias.

Lo primero que se me viene a la cabeza al volver a ver esta imagen es la calidad de los jugadores del Barcelona. No voy a entrar en el estado físico de Umtiti ni que a Junior haya jugado por la derecha. Lo siguiente que veo un desorden claro. En el fútbol el desorden puede ser un recurso, pero entonces es sólo una apariencia, porque es algo anteriormente trabajado. Pasando por alto que Messi puede ser el mejor en cualquier posición, llama la atención el poco peso que tienen el mejor pivote que aparece en pantalla, Busquets, y el mejor interior, Pedri, a pesar de tener sólo 18 años.

¿De verdad supone algún perjuicio al Barça apoyarse más constantemente en los interiores para luego buscar profundidad? Seguramente la acción más coherente que el azar haya querido que recopile. No se vieron mucho estas situaciones y el Sevilla no se sintió amenazado por el centro. Es posible que el cuerpo técnico no las promueva. Aquello de que uno se ordena mejor a partir de la pelota no debe hacer olvidar que también se desordena mejor, para bien. Si el equipo manda el balón a zonas donde los jugadores no se pueden hacer fuertes, el centro del campo se desequilibra.

Un latifundio de distancia entre el pivote y los supuestos interiores. El Sevilla se puede replegar fácilmente. La disposición del Barcelona es claramente la de intentar verticalizar, porque no tiene sentido que Busquets conduzca toda esa distancia para buscar un apoyo. Una pista que nos evidencia que la manera de atacar del Barcelona difiere de la de otras épocas. Y Busquets no está tan solo únicamente para defender. El daño que puede recibir el equipo viene de las dos fases.

Insistir hasta la saciedad en una idea de juego. No hay otra manera que consiga que haya unos mecanismos efectivos y visibles en el juego. Qué poco se ve en este equipo una consecución de pases de diez o quince metros por dentro para ir encontrando apoyos y desordenar al rival. Y qué poco cuesta enviar el balón hacia zonas más intrascendentes o icluso verticalizar. El juego de posesión hoy del Barça es variado, pero no demasiado positivo.

Justificar la elección del receptor del balón en esta acción con que se trata de los últimos minutos sería otra muestra de que el método aún no tiene sustento. Una vez más, los interiores y la zona más central no tienen peso en la jugada. Ni escalón intermedio ni la formación de un triángulo para evitar la presión. El Sevilla cedió la iniciativa gran parte del encuentro al Barcelona, que a través de sus grandes individualidades realizó alguna jugada de peligro, algo casi inevitable. La realidad, de todos modos, es que uno realmente daña cuando el rival sabe que le han encontrado una debilidad. No creo que sea el único que terminó de ver el encuentro con la sensación de que el Sevilla no se sintió amenazado.

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