UD Ibiza-Peña: ni una crónica; ni una previa

Sometidos a la vorágine diaria de la información, tenemos muy pocas oportunidades para dejar respirar los momentos. Cuando aparece la opción de volver a repasar un encuentro como el de hace seis días, ya sabemos que no siempre las primeras sensaciones se contrastan en el revisionado. Era muy difícil despojarse en Can Misses de aquello que el resultado final del partido podía suponer, y tal vez eso, y por cómo se desarrolló el trance, podía haber derivado en un recuerdo del mismo algo más difuso. La realidad es que fue un gran encuentro, de poder a poder. Juan Carlos Carcedo dijo al final del encuentro que la Peña era un equipo con “cara y ojos”; los 94 minutos que nos dejaron los dos conjuntos fueron de cuerpo entero.

Presión avanzada, en medio campo o algo más atrasada. La idea de Casañ era que principalmente la armonía de la UD para iniciar el juego se viera interrumpida, y que los escollos más importantes los encontrará Manu Molina en la zona central. Para eso, un primer triángulo que enjaulara al onubense. Atrapado entre los dos puntas, Núñez y Barca, y Colau, el elegante medio que tuvo que sacrificarse en labores poco habituales, y en una zona poco transitada de inicio, y partiendo en estático, como era estar delante del mediocentro.

En los primeros minutos, casi siempre mandando rápido a la derecha, parecía que los locales seguían encontrando una vía de escape para progresar y mandar centros laterales. Pero según avanzaba el encuentro la marca era más férrea y buscar velocidad de balón, bastante más difícil. Cuando la Peña lleva las disputas a una lucha cuerpo a cuerpo trabajada previamente, y que es esencia, cortocircuita el plan de su rival y hace que lo académico pierda vigencia.

En la banda derecha celeste, Aarón Sánchez era el encargado de controlar las subidas de Grima, cosa difícil, por la función de constante ida y vuelta del lateral. A veces, no sé si como algo previsto, el medio gallego hacía línea de cinco atrás, mandando a Cruz, el lateral zurdo, hacia el central. El estar pendiente de las ayudas le quitó frescura con balón (en esta Peña del esfuerzo constante, de saltar inmediatamente a la presión y tener una reacción rápida, el poso y la edad cuentan. Aarón es del 98, Gilbe del 99 y Miguelete del 2001. Son los atacantes más jóvenes y es normal que a veces no den un rendimiento ecuánime en todas las facetas), pero es que a pesar de no haber público y de que sobre el papel era un partido de Segunda B, la realidad es que lo que presenciamos estaba cargado de una exigencia inflamada por lo que había en juego y por el nivel de todos los protagonistas.

La UD es un equipo más académico. Simplemente se trata de dos ideas, las de Carcedo y Casañ, cuya raíz es diferente, y en mi opinión las dos simientes están legitimadas. El hecho de que el juego de los de Carcedo haya sido muchas veces tratado y estudiado, y que evidentemente los rivales lo conozcan, no creo que haya hecho que pierda vigencia. Y esto es muy fácil de explicar: llevan a cabo los planteamientos sin dudas y el talento y la constancia de sus jugadores salta a la vista. No importa si les tapas la salida. La Peña presionó en Can Misses al nivel, o más aún, que lo hizo el Mestalla (porque el Alcoyano cerró bien, pero más atrás), un equipo más joven en ingenuo. No importó. La UD al final acumuló más ocasiones y siempre tenía una salida con las buenas caídas de sus puntas hacia los lados, o incluso con Ekain pivotando. Más trabado o menos el partido, siempre crea ocasiones. Tal vez, las dudas puedan estar en la efectividad arriba.

Una última jornada que no es

La UD viaja a Villarreal en un partido que ya es de la siguiente fase. No está cerrado el Subgrupo 3A, pero éste sí. El filial amarillo es un rival directo que tiene ahora mismo a nueve puntos, que es media vuelta de la siguiente fase (equivalente a tres victorias en tres de los seis partidos de los que consta). Es una gran diferencia. Una victoria del Ibiza, y seguramente también un empate, marcaría una gran distancia entre los dos, casi definitiva. El atractivo de este encuentro es también que ya empieza la carrera por subir a Segunda A. Se dice pronto, pero son sólo siete, ocho o partidos los que quedan.

Y realmente a la Peña sólo le vale la victoria contra el Atzeneta. Sí, pase lo que pase, al final del partido se harán cuentas. Pero el hecho de que esta fase que se va lo sea realmente de continuidad y lo que único (ojo, no es poco) que decidirá es por qué reto vas a luchar de aquí a pocas semanas, los tres puntos impulsan a otra realidad. Seguramente no serán los mismos jugadores que saltaron a Can Misses. Con la Peña se da el irónico caso de que fuera de casa muchas veces se apuesta por jugar con más atacantes de tres cuartos de campo. La actual superficie del Municipal, a la que en teoría le quedan pocos meses de vida, invita a hacerse fuertes en el juego directo. Quizás volvamos a ver a Antonio López, aunque dudo que Casañ, por detrás del punta, ignore las sensaciones tan positivas que han ido dejando sus interiores-extremos. Es posible que haya poco espacio, pero un recorte a tiempo, una anticipación al gesto del rival, pueden marcar las próximas semanas.

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