Villarreal B-UD Ibiza: el manual y lo humano

El Villarreal tiene en su filial dos delanteros en Álex Millán (Zaragoza, 7/11/1999) y Juan Carlos Arana (Las Palmas de Gran Canaria, 8/2/2000) a los que “nadie” espera. Ya tienen 21 años; no son el juvenil de primer año que sorprendentemente debuta con el filial; y Unai Emery ha apostado por otros atacantes jóvenes para promocionar en el primer equipo. Que en los titulares, en los nombres subrayados con colores llamativos, en destacados de prensa, los dos puntas del B no aparezcan no significa nada para el camino del fútbol real, que echa a andar cada día en la sombra y que a su tiempo va revelando cosas. Que se lo hubiesen preguntado a Gerard Moreno no hace tanto.

Cuántos problemas le provocaron a la UD Ibiza esas idas y venidas de Millán, en más medida, y también de Arana. Descargas, apoyos en corto y carreras poderosas al espacio. Dos puntas que en su día, ya fuera en un conocido torneo de niños televisado o con la Selección Española, en Sub-16, Sub-17 y hasta Sub-18, fueron bastante cotizados en el mundillo de las inferiores y que hoy, alejados de ese ruido que en algún momento les rodeó más, no parecen haberle perdido la tensión al oficio, si es que algún día bajaron la marcha del todo. La UD cuenta con gente con mucha cancha y calidad reposada para la categoría, y sus jugadores de menor edad más habituales están ya entrando en la etapa de madurez. Pero cuando se enfrentan a un filial como el amarillo saben que juegan contra chicos elegidos, y que en más de un momento te van a comprometer.

El del pasado domingo fue un partido donde una victoria celeste eliminaba prácticamente a un rival. Se vio, incluso, que el filial groguet entendía que no le valía el empate, y salió con una efusividad y aparente ambición mayor. Lo intentó de muchas maneras y seguramente se vio a una UD que en ocasiones coqueteaba con las presuntas lagunas de intensidad que se le vienen apreciando en las últimas semanas. Sin embargo, cada vez queda más el poso de que el equipo tiene un manual y, esté más menos entrometido, a lo largo del partido va sacando el inventario como comprobante de que va a contabilizar unas cuantas muestras de sus vías para dañar al rival. Y si su esforzado rival no golpea de manera eficaz, va dañando y plasmando en goles los errores del mismo. Le pasó a la Peña, después de su esforzada presentación en Can Misses, y sintió lo mismo, pero de manera exagerada, el Villarreal B.

Lo que hace, lo hace con solvencia. A veces lo hace menos. A veces falla ocasiones claras con aparente desdén (Davo sabe que esto no es así, y yo tampoco lo pienso). Es un equipo construido, con automatismos de superior categoría. Un poso evidente que no se ha visto en los rivales, que sí han mostrado otras cosas, pero no esa mecánica colectiva que sí se le ve a este Ibiza. Hay un manual, pero la carrera que se le viene, esperemos que a ocho partidos, requerirá no sólo del frío y eficaz funcionamiento de este mecanismo de serie que aparenta ser ante el caos de algunos rivales. La mesurada dosis pasional, lo humano, les acercará también al objetivo más difícil.

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