Peña-Hospitalet: anchura de alma

El domingo hablaba de cierta nostalgia viendo como la Peña no dejaba de intentar encontrar la puerta contraria sin un ápice de dudas. ¿Qué habría sido de este equipo, con semejante soltura, en una fase intermedia, como el denominado Grupo 3D, sin presión por intentar alcanzar la Primera RFEF? Seguramente no vale la pena echar la mirada atrás, pero una vez pasado el mal trago del día del Atzeneta, sin duda el equipo ha soltado lastre: Pomar continúa con esa autoridad; Andrada sube como en sus mejores momentos; Loren y Colau tiran de clase….

En su segunda victoria de esta fase decisiva de la temporada, la Peña consiguió superar los desequilibrios, en dos o tres situaciones, de las salidas con balón del Hospitalet desde atrás. A mediados de primera mitad, el equipo de Casañ estuvo mal ajustado en las marcas y regaló la espalda de sus interiores. En una de esas acciones, con inicio por la izquierda de los catalanes, la pelota llegó a Salinas, que volvía a Santa Eulalia, su casa, y a punto estuvo de anotar en una de las porterías, la del gol norte, donde tantas anotaciones ha sumado desde pequeño. Pero no lo hizo. La Peña se ajustó, cerró mejor por dentro, siguió con su intensidad habitual y esta vez abrió el marcador con un impresionante golpeo, bastante alejado de la frontal, de Colau. Una rosca al ángulo para guardar en el recuerdo.

A partir de ahí, una vez más la Peña superó a su rival por anchura de alma. No siempre ha sido así en el marcador esta temporada, pero nunca ha cejado en la brega. Los jugadores no eluden los charcos, pero lo hacen con sus características, con su identidad futbolística. Y de ahí, omnipresente, Loren Burón ha aderezado los partidos con sus giros y conducciones. En la segunda mitad, con el 2-0 a favor, el mediapunta cordobés dio una exhibición de virtudes a la que le faltó el gol. Se fue sustituido a la vez que Colau, el otro destacado. Sin ellos, el campo se quedaba huérfano (aunque con el partido ya resuelto) de dos hombres que poseen la clase e incipiente madurez futbolística que todo equipo necesita para afrontar los momentos decisivos. No les quema la pelota y han ido ganando confianza paulatinamente, según ha ido avanzando la temporada. Uno echa de menos, eso sí, que se busquen y encuentren más.

Le esperan seis duras jornadas a la Peña, a pesar de la ventaja. Ahora le saca algo más de cuatro puntos (inexactitudes del coeficiente) al Hospitalet, su último rival y que se encuentra en posición de promoción por mantenerse en Segunda RFEF. El equipo tiene otra inercia. La idea de juego, basada en la intensidad y el no tener una línea marcada para atacar, es un pilar que a veces le ha podido complicar también, por el caos que se origina buscando desestabilizar al rival. Pero ahora, a diferencia de otros momentos de la temporada, puede que los nombres estén más afianzados en el rendimiento del equipo.

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