Previa: ante el Nàstic, mirando al Barça B

Este mediodía, la UD Ibiza puede ser campeona del Grupo 3 de Segunda B. No lo tendrá fácil, porque su rival en un rato está más acuciado en cuanto a los puntos, pero también es cierto que esa ansiedad del Nàstic le puede beneficiar. A falta de cuatro jornadas para la finalización de la segunda fase, las sensaciones del juego y del miedo a aquello que se puede perder o no poder alcanzar cuentan y se entremezclan. La UD Ibiza juega hoy con una ventaja emocional que se ha ganado por un trabajo bien hecho que empieza con la planificación de la temporada de su directiva (dirigencia y dirección deportiva), ejemplificada primero en la elección del entrenador: Juan Carlos Carcedo.

¿Mal acostumbrados?

Posiblemente, mal acostumbrados al ritmo que ya se le vio al equipo en la pretemporada y la acumulación de puntos al inicio del campeonato, ha sido difícil no despojarse de la relación entre una imagen del equipo no tan idílica y una posible eliminación en los play offs. Ese salto reflejo en el tiempo, típico en el aficionado, sucede de manera natural. Pero trasladado a la realidad, ese temor no puede nunca se motivo de exigencia o achaque hacia el equipo.

Cuando Peque anotó un golazo el pasado domingo en Can Misses, ante una UD que se había ido hundiendo en su área, con el avance de los minutos, en la primera mitad, el equipo ya venía de una derrota en Andorra (más injusta de la que un primer visionado nos pudo mostrar). Los locales se estaban viendo superados por la presión y el manejo de posiblemente la mejor generación en el Barça B en años. Hay que tener en cuenta esto como que no se pudo contar con Manu Molina, por tarjetas, y Javi Pérez con molestias, los motores con balón en la medular.

De ser camaleónico o rebelarse

En la rueda de prensa posterior al partido, Carcedo dijo que le gustaba que su equipo pudiese ser camaleónico. De inició colocó a Sibo y Pardo en el centro, en paralelo. Invitaba al rival a salir y a ellos mismos a protegerse con las líneas juntas. Buscar rápido (eso se busca casi siempre) a los atacantes locales en las esquinas para crear desequilibrios y provocar al menos acciones a balón parado. Se sumaron unas cuantas, que bien le dolían al técnico rival, Francesc Xavier García Pimienta. En lo más visual, ahí se definió el partido para la UD, pero sobre todo cogió autoestima cuando fue capaz de defender más adelante, y aunque no aglutinara posesión sí estuvo más cerca en las disputas y de poder interrumpir el juego de su rival. Cuando Nico González y Álex Collado, dos extraordinarios peloteros, no pudieron intervenir con regularidad o no encontraban espacios, el Barça B se desnaturalizó y la UD fue acumulando pequeños méritos que le llevaron a la victoria.

Ante una situación complicada, en el partido y la clasificación, el equipo se supo volver a armar, consiguió la victoria y cambió el panorama. Tanto que hoy puede ser campeón. Bueno, con tres puntos más en cualquiera de los cuatro siguientes partidos lo será. Si lo consigue antes, podrá regular esfuerzos. Pero también no deberá perder de vista que lo que más le interesa es encontrarse con problemas para poder resolverlos, porque en un rato, cuando ya haya pasado lo de hoy, es posible que lo que le quede para alcanzar el objetivo final sea, nada más y nada menos, tener interiorizado que sólo le valdrá su capacidad de rebelarse ante una situación adversa.

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