Peña-Olot: tiene que costar

No sé si era el momento de pararse a pensar. Es que parece que este equipo no necesita tiempo de darle a la sesera para actuar. Alguno dirá que incluso juegan mejor si no tienen tiempo para ello. Lo cierto es que ahora les toca seguir viviendo el tiempo a otra velocidad. Confinados hasta el seis de mayo, hasta que puedan volver a soltarse en su hábitat y desarrollar aquello que trabajan, y mostrar lo que tienen interiorizado. Son cosas que pasan en Segunda B, y no en Primera o Segunda. Estaba siendo adrenalínico aquello que se podía pensar que iba a ser un proceso de amarga ansiedad de ocho partidos. Como es en sí el juego de la Peña. Ya no se debe uno dejar llevar por las inercias.

Ante el Olot, como suele ser, la Peña lo intentó de manera directa, con balones de Fonda desde el lateral o saliendo con tres desde atrás: a veces con Cristeto incrustándose en medio; otras con Andreu. Combina las maneras habitualmente el equipo de Casañ, con el ritmo como premisa. Colau partiendo desde la izquierda y Loren arrancando con conducciones de derecha a izquierda. Visto desde el aire, un cúmulo de círculos y flechas que dibujan un campo con múltiples vías para intentar progresar hacia la portería rival.

No se puede dejar pasar que la Peña hoy es lo que es porque dos nombres han adquirido vigencia en tres cuartos (que igual es algo que en este equipo en el que todos deben estar preparados para entrar en cualquier momento no es lo más deseado). Queriendo que todo se desarrolle de manera rápida, instantánea, no somos lo suficientemente conscientes de que los equipos, hasta aquellos que viven aceleradamente, necesitan tiempo, aunque en el tapete de su casa las ideas y la herramienta fundamental no paren de botar.

Primero fueron Gilbert y Miguelete. No siempre jugaron juntos, pero ante las lesiones de aquellos que debían asumir más responsabilidades Casañ tuvo que apostar por la juventud, que seguramente sumó experiencia pero también constató lo que es el salto de categoría y la exigencia de este equipo. Ser joven y plasmar tu talento a este ritmo requiere de sumar muchos errores antes. Gilbert ha tenido que esperar hasta la segunda fase para protagonizar una acción decisiva, como el penalti recibido tras un gran pase de Loren.

La ovación

Seguramente la última jornada de liga en el 3E queda más lejos si llevas unos días confinado, pero no será fácil olvidar (que Pau Pomar nos perdone) la “espontánea” ovación del público del Municipal a Loren Burón. Aparentemente centrada en la tensión de los últimos minutos del partido, la afición mantuvo el paladar paciente de mirar de reojo el caminar cansado del cordobés que había abandonado el campo por el otro lado. Y cuando dobló el banderín del córner enderezando por la tribuna, se arrancó con una ovación de agradecimiento y sabiduría. Loren estuvo omnipresente en el partido y en los dos goles: originó las dos acciones a balón parado que acabaron en la red. Y giró, encaró y se marchó en incontables ocasiones. Condujo como dice Colau que no corre. Y también le dio pequeños botes la pelota en esas arrancadas, como él mismo ya explicó, y eso hizo que la musa no permitiera una jugada de antología por algún control que se iba de más.

Nadie se puso de acuerdo, pero sucedió en ese momento. El juego es cultura y cuando se agradece a un tipo que lo interpreta de la manera que lo hace Loren, nos estamos felicitando a nosotros mismos. Hace falta más de esto, pero tiene que costar que suceda. Y cuesta.

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