Del Barça B al Nástic, y de ahí…

Son jornadas en las que cuesta hacer pie. Todo pasa demasiado rápido y centrarse en el frío plan de partido no debe ser cosa fácil. La tentación es dejarse llevar por el gen competitivo que cada uno lleve consigo y que se salve quien pueda. Y se puede decir que la UD hace mucho tiempo que cumplió su trabajo. Le quedan unas horas para entrar en esa fase sin gravedad (aunque según la acepción puede tenerla toda) para muchos, aunque se sabe que unos pocos se alimentan de esos momentos. Gente extraña esa que los ansía y saca partido real.

En la trampa de la intensidad

La UD viene a despedirse de su público en Can Misses después de sumar su segunda derrota en esta fase. En un partido, como en Andorra, que seguramente pudo empatar y lo mereció. Lo que más preocupa, si acaso, no es eso. Tanto en el inicio en el Johan como en Encamp, el equipo encajó claramente cuando su rival estaba a más revoluciones. Cuando igualó esa intensidad, la superioridad fue celeste, aunque ya no le alcanzara para equiparar el resultado. No hace falta sacar moraleja. Es muy evidente. En este juego, el ritmo todavía hoy marca una tendencia en el resultado del partido. No siempre es así de matemático, pero suele cumplirse.

Dicho esto, la UD mostró fundamentos técnicos en el último partido de liga ante el posiblemente mejor rival en cuando a calidad de todos los grupos. No se impacientó en la salida e intentó siempre que pudo profundizar por todos los lados, sin volcar demasiado el juego por un pasillo. Esa variedad es una de las cosas que nos ha dejado esta temporada, la mejor de la historia en liga regular de un equipo local.

Y a esa gama de recursos para progresar se añade el hecho de que el equipo haya perdido para estos partidos a un jugador de la clase de Manu Molina. No le queda más remedio a Carcedo que jugar la baza de la duda hacia sus rivales para ver qué hombres designa a la función de pivote. Parece que Sibo y Javi Pérez tienen todas las papeletas, pero seguramente ante el Nàstic pueda utilizar un señuelo.

El equipo catalán llega a esta última jornada con la necesidad de, al menos, puntuar. Recordemos cuántos problemas le creó a la UD en Tarragona con su agresividad para frenar la salida de los celestes. Es posible que en Can Misses se vea otra historia, pero ese punto de más suele dar réditos. Si no es hoy, será mañana. Y el mañana para el Ibiza supone muchas cosas.

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