Suiza-España: los errores y la fuerza bruta en ataque

El mensaje general que se acordó fue el de que una victoria caótica y abultada, en lo bueno y en lo malo, suponía el regreso de la ilusión. Aquel equipo que para los medios de más audiencia no enganchaba en un partido ya se había ganado el derecho a hacerlo. Ruido, bullicio y total desprecio a la perspectiva. Profesionales del hoy mal vivido. El riesgo de imbuirse en la pomposidad, cuando ver buenas acciones y valorarlas debiera suponer otra reacción y lectura desde el juego.

El interruptor del gol

La selección, ante Croacia, salió una vez más y sin titubeos al ataque. De inicio, con dos atacantes abiertos en banda y a pierna natural. Movió el balón con cierto sentido y rápidamente nos dio tiempo a fallar dos ocasiones claras, algo que ya venía siendo habitual. Los de Luis Enrique (salvo en el pastoso encuentro ante Grecia) aglutinaron posesión y ocasiones al igual que en la mayoría de partidos de los últimos meses. Pero si ante Eslovaquia fue el segundo penalti errado en esta fase final el punto de inflexión, aquí lo fue el autogol de Unai Simón. Su fallo fue el interruptor que activó la pegada del equipo. Puede ser contradictorio, pero a esta selección algo más de ansiedad le funciona. De momento.

Tiene energía y variantes, que es la forma de explicar la manera de rebelarse ante los errores. Porque dejarse empatar cuando el partido parecía encaminado a una goleada española y volver a mostrar el arrebato aparentemente inconsciente es un arma descontrolada de la que cabe preguntarse si no es conveniente dotarla de cierta estabilidad emocional. Luis Enrique comentó en declaraciones posteriores al partido que lo que menos le había gustado era lo que habían dejado de hacer con balón cuando Croacia empató. No le falta razón, pero es cierto que los errores sin él, las carencias visibles en el repliegue, vigilancias e incluso en marcas puras, dejaron muy al descubierto al equipo. Se venció y la diferencia estuvo en una mayor fuerza bruta atacante, más allá de los matices que pudieran aportar los jugadores de más calidad en campo. Había en los dos equipos, pero más en España, y sobre todo una intención clara de atacar permanentemente.

¿La mejor Suiza?

Se vivió, en la Nations League, otra montaña rusa de emociones en Suiza, en el día de los penaltis errados. Nos vemos de nuevo en cuartos, después de un tiempo, ante un equipo que es un bloque estructural y emocionalmente estable. Es lógico que se tambaleara ante los talentos franceses, pero también se supo levantar. No cuenta con la variedad de plantilla de España, pero sí con cierta constancia que no se vio tanto en la primera fase de esta Eurocopa. Pero igualmente confirmó el lapsus de partido y medio (ante Gales e Italia) liquidando a Turquía y a la campeona del Mundo después. La Suiza de cuartos es la Vladimir Petkovic. Tal vez, la mejor Suiza que se haya visto.

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