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Toco y me voy

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Lo que se pretende es la búsqueda. Los jugadores acompañan o no la intención de un técnico. El técnico sabe o no transmitirla. ¿Estarán esos jugadores capacitados para entenderlo? Carlos Salvador Bilardo es un técnico (alguno pensará que “ya fue”) obsesivo, y la obsesión por algo en ocasiones lleva a veces a utilizar un lenguaje que para el jugador, que viaja en otra sintonía, se hace casi incomprensible. Si a eso le añadimos el peso de una camiseta, claramente la presión no deja leer entre líneas. | Foto: PITCHERO.com

Argentina venía de un reencuentro con sus “fuentes”, tras la llegada a la AFA de César Luis Menotti en 1974. Se ganó un Mundial y se realizó todo un esmerado esfuerzo por reconciliarse con el balón y estructurar un equipo con la autoestima suficiente como para imponerse a cualquiera bajo la premisa de la tenencia. No fue sencillo, por todo el contexto de la época, pero el logro deportivo quedó ahí, además de ganar un Mundial Juvenil. La eliminación en el Mundial de España supuso un cambio de rumbo y se apostó por un entrenador que claramente procedía de otra corriente. Más allá de controversias y desencuentros, en lo que a fútbol se refiere desde la dirigencia, consciente o inconscientemente, se decidió un cambio de plan, una idea nueva. Iban a aparecer nuevos nombres y había que dar un giro a todo lo anterior.

Asociar el juego a unos orígenes puede llevar a equívocos. Asociar la pasión a solo una forma de interpretación también. Porque la pasión puede ser intensidad, brega, compromiso y no solo belleza, en lo más estricto. A pocos países se les relaciona más con esa doble interpretación del juego que a Argentina. El apego desmesurado al mismo y la realidad histórica de haber alcanzado grandes logros de diferentes formas así lo evidencian. Algo que puede contrastar con el fútbol español, aunque esto tampoco quiera validar una sola realidad, donde los grandes campeonatos internacionales de clubes y selecciones se han conseguido con una intención de juego ofensiva. Es posible que este dato sea mera casualidad, pero es innegable que el ganar reconcilia al entorno y fortalece convicciones concretas.

Hay tendencias que son difíciles de cambiar. El futbolista, a edad temprana, situado en la masa, se desenvuelve a impulsos. Atendiendo a esta premisa de lo más primigenio del juego, todavía se apuesta por chicos más físicos que ante las imprecisiones constantes se hagan dueños de la segunda jugada. Si la tendencia es a no otorgar al juego un sentido claro a partir de la circulación, se buscará que la diferencia surja a partir del caos y no del orden. El caos se podría estructurar desde la fuerza física y cierta pillería, la adaptación a ese medio. ¿Y el orden? El orden tendría diferentes niveles, esencialmente clasificables según su dinamismo. Capacidad de mutar y sorprender.

Exigir ese orden a jugadores muy jóvenes puede que no resulte en una respuesta de lo más eficiente. Pero pese a las dificultades, hay excepciones.

Por eso el fútbol es el caos que parte de la cabeza. Es poner orden a esas ideas. Al principio los impulsos son más fuertes que cualquier mandato ajeno, aunque el jugador haya recibido el aviso de qué es lo más importante. Si desde siempre el chico se las ha arreglado de una manera determinada, por qué cambiar. En este punto, a mitad de camino entre unas cualidades evidentes y demostradas, y las buenas indicaciones del entrenador, emerge el jugador que de verdad está dando los primeros pasos para progresar: una manera más de explicar el origen del talento.

Leek, en el condado de Staffordshire, es la sede elegida por la asociación inglesa de fútbol (The FA) para la disputa del segundo encuentro del Torneo de Desarrollo UEFA Sub-16. Es febrero. Hace frío, pero podría hacerlo más. Eso sí, el estado del verde no es el que se observará unas semanas depués por aquellas tierras. Ahora, más irregular e intercalando zonas más duras con otras blandas. El fútbol inglés, seguramente también inspirado por todas las figuras internacionales que han poblado su liga en los últimos tiempos, está proyectando algunos de los jóvenes más llamativos en categorías inferiores. Al mestizaje, muy arraigado ya en su sociedad, que aporta el poderío físico que muestran sus promesas, se ha añadido una mayor personalidad y capacidad individual. La mayor duda sigue apareciendo en la presencia de una identidad colectiva de su juego.

Sin embargo, la mejoría técnica evidente, el físico y esa energía aparentemente inagotable que siempre  ha mostrado el futbolista de las islas han otorgado una mejoría importante en los resultados de los últimos torneos de inferiores, tanto en clubes como en selecciones. En categoría Sub-16 y Sub-17 han incluso superado holgadamente a muchos rivales por esa mixtura que antes mencionábamos. Conociendo esta realidad, hay que subrayar también lo difícil que es cambiar tendencias. El fútbol español ha apostado por una idea desde sus triunfos en la selección mayor. El estilo debe seguir, aunque todo se ha de dinamizar. Pero el contexto ha cambiado. Los rivales han mejorado y la superioridad que las selecciones inferiores mostraban hace ya más de un lustro no se muestra hoy, y ni muchos menos de que aquella manera casi incontestable.

En este contexto actual se presentaba en Leek, en una oscura tarde de viernes, la generación de 2001-2002 –visto el varapalo que semanas después sufrió la Sub-19 de Luis de la Fuente ante los ingleses, también se contextualizará mejor lo mostrado y la dificultad en ello–. Ya se había destacado algo de lo más llamativo de un grupo que por circunstancias del campeonato iba a ser dirigido por Albert Celades, seleccionador Sub-21, en lugar de Santi Denia, que se encontraba en Croacia con los Sub-17. El nivel y la variedad de atacantes que aglutina este nuevo grupo –además de todas las otras opciones que no entraron en la lista final para el Torneo de Desarrollo y que se han podido apreciar en sus clubes y en el estatal de selecciones autonómicas– atraían la mirada por ese talento en un estado a priori en la antesala del orden aunque ya en la escalera que inicia el ascenso hacia la élite.

¿Talento abocado al desorden frente a jugadores físicos y enérgicos, con buena dosis de calidad? En un césped que seguramente no iba a facilitar la agilidad de la posesión. Era fácil creer en la tendencia de lo que suele suceder a estas edades, si se desconocía el verdadero talento de los jugadores españoles. Y conociéndolo, es lógico que también. Pero en un clima tan extraño en relación a la tarde de un febrero bonaerense, la ley de los dos toques se fue haciendo su sitio, desde el principio o a ratos, pero el tema de la Bersuit se hizo patente.

Tocar y moverse. Ofrecerse y no estar demasiado en el mismo sitio. El dinamismo frente a la presencia. 1-5. La clave, el entender que la pelota y el juego viajaran hacia uno u otro lado, de manera ligera, para encontrar espacios y dar pocas opciones a las virtudes del rival. El insistir demasiado en un mismo lugar siempre iba a dar ventaja a una segunda jugada que favorecería el impulso de un adversario al que convenía desorientar.

Sobre el minuto 35, se inicia una larga combinación a no más de dos o tres toques por jugador. Viene tras una internada de arrebato de un equipo que va por debajo y se presenta ante su afición y su orgullo. Pero el juego manda. La pelota corre por todo el largo del campo, más orientada hacia la izquierda. Atraer y alejar rivales. El equipo amaga, una y otra vez, que lo va a intentar por esa zona. Va a profundizar por la banda de Miguel y Bryan. Amaga y se va hacia el centro. Y finalmente llega la de la verdad. Tras buenos movimientos de esos dos, es Álex Baena el invitado sorpresa que aparece por allí, nadie lo detecta. Controla, conduce poco y cede atrás para que Nabil defina arriba. Dos minutos de esencia del juego. Parecería algo muy trabajado, pero sólo se trató de encontrar la sintonía. Esa que es comprensible para todos los que alguna vez han entendido este juego.

El primer escalón | Sub-19 – Sub-21

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Los últimos días de marzo han traído dos muestras diferentes de fluidez en tres envites de nivel. En dos categorías diferentes, Sub-19 y Sub-21. Los juveniles jugaron en total tres partidos en la Ronda Élite, pero fue ante Inglaterra donde realmente se pudo medir y valorar, una vez tras la derrota, qué cabe repensar en la salida del juego (que es también el equilibrio) de una generación de 1998 que ha arrastrado un problema similar en diferentes categorías. Algo que también se había observado en las primeras fases de este proceso Sub-21, hasta que se ha observado un cambio en la aventura que comanda Celades.

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Álex Berenguer, Pedraza y Álvaro Jiménez | Sub-21

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Buscando la versatilidad, huyendo de las funciones programadas en el campo, de la apariencia de posicionalidad fija y rasgos familiares. Se trata de aportar cualidades eficientes, que repercutan finalmente en el beneficio del equipo, pero que sean poco clarificadoras, en cuanto a que el rival no tenga algunas referencias claras. Siempre debe tenerlas, y que sea de las que realmente tenga que estar pendiente, pero también debe encontrarse con otras alternativas que no se espere. Pensando en todo esto, podrían aparecer tres nombres.

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El movimiento de Oliver | Sub-21

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Desde que uno ve partidos de selecciones inferiores de España, el último ejercicio de calentamiento antes iniciarse el encuentro es uno de combinaciones rápidas entre los titulares, salvo el portero. Lo hacen en un espacio reducido, junto a la banda; cinco con peto y cinco sin él. En un rectángulo de unos 25 por 10 metros, los poseedores del esférico se lo tienen que pasar entre sí a uno o dos toques, a lo sumo, ante la presión de los otros cinco. Se trata de un calentamiento lógico para un equipo que va a depender de la combinación ágil para sorprender.

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Encontrar al jugador | Sub-21

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Saúl tiene ida y vuelta, todo el mundo lo sabe. Pero, ¿cuál es el destello que nos queda de él en el partido? Puede que para muchos (en el caso del encuentro en St. Pölten) fueran un par de caídas que tuvo hacia la banda donde realizó a su vez un par de pequeños eslálones, lo que podría indicar a qué le empuja su impronta de centrocampista. Siempre ha habido la tendencia a colocarlo de mediocentro, y puede cumplir ahí, pero este juego se trata de encontrar el punto de efectividad y productividad máxima de cada jugador en pos de lo colectivo. | Foto: SPORTREPORT.biz

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Sin “piloto automático” | Sub-21

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Todavía no sabe qué ocurrirá, y cuál será el poso que deje esta Sub-21 cuando termine su recorrido. Ahora mismo, la traza que deja es la de un equipo con mucho talento al que le cuesta reaccionar cuando recibe un golpe. Y en este caso, no fue una metáfora lo que ocurrió entorno al minuto 30, cuando en una arrancada por banda, Asensio recibió un impacto en el costado de un contrario mientras driblaba pegado a la cal. Fue preocupante, porque se temió por su continuidad en el partido, pero también porque durante un buen tramo, incluso después de que él se reincorporara, el equipo perdió su sitio y el rumbo, y un equipo muy inferior técnicamente como Austria (al menos así planteó el partido) pudo adelantarse antes. Fue un aviso de lo que ocurriría en la reanudación, cuando el letargo fue mayor. | Foto: SALZBURG.com

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Baile de interiores, ¿Y el punta? | Sub-21

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La vuelta de Saúl abrió el interrogante sobre Mikel Merino y Llorente, pero esta reincorporación también puede no dar cabida a otros que eran habituales en la zona de interiores. No caben todos. Incluso Munir, el jugador que más ha actuado en la delantera, no acumula mucha participación en su club. La otra alternativa es en principio Williams, pero,  visto que Celades no ha terminado de cerrar el once en todo este ciclo, tampoco sería descartable una opción sin nueve, aunque estos dos últimos tampoco tengan las características del punta clásico. Son las últimas cavilaciones antes de un partido condicionado también por la emoción de lo que está en juego.

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Una segunda posibilidad | Sub-21

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Hace dos años de la eliminatoria que dejó a la Sub-21 fuera de un Europeo y de los Juegos Olímpicos. Un grupo formado por varias generaciones, que partían con los nacidos a partir del 1 de enero de 1992. Jugadores de gran talento que habían dado al fútbol español otros títulos anteriormente, pero que tras realizar una fase de clasificación impecable dijeron adiós a seguir compitiendo tras una única derrota ante Serbia, después de todo un ciclo repleto de victorias. Un recorrido que se truncó después de dos encuentros cerrados. Una vez más, los caprichos de una competición que no premia las trayectorias. | Foto: LAVOZDEGALICIA.es

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El mediocentro en el aire | Sub-21

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Todo comenzó con una derrota ante una Bélgica (12/11/2014) que ya no sigue en la carrera para esta Euro Sub-21. Con un Saúl-Samper en ese supuesto 1-4-2-3-1. Después, todo fue variando hacia un único y aparente solitario pivote, con Saúl como principal referencia. Pero las dudas fueron aflorando. El equipo intercalaba momentos esperanzadores con otros de importante confusión. Mientras el mediocentro del Atlético tomaba vuelo hacia adelante en su club, en la selección, cada vez que se desenganchaba del pivote, el equipo ofrecía espacios a sus rivales y perdía el paso en el repliegue. Ahora, y con tan solo dos meses de recorrido, tampoco es seguro que Merino y Llorente sean de la partida en Austria.

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Días de derrota | Sub-19 / Sub-21

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El 24 y 29 de marzo pasados, las selecciones formativas de la RFEF sufrieron dos arponazos en esa apuesta que siempre parece que solo acaba de emerger. El modelo de juego no puede ser siempre algo sólido, es un punto de partida y cabe ir encontrando los caminos que más convienen. Los jugadores que van apareciendo ayudan a mostrar salidas, a partir de sus características; y los rivales, con sus planteamientos, son continuas preguntas que demandan respuestas. Las derrotas, al final, sirven para recapacitar y reconducir. Y no hay solo una reacción válida. | Foto: LAVERDAD.es 

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